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En el terreno de la animación, es evidente que -desde Toy Story hasta el presente- no hay gente como la de Pixar. Sus películas son más atractivas para chicos y grandes que las de sus competidores porque tienen personajes humanos, aunque sean juguetes, peces perdidos en el Pacífico, autos de carrera o ratas que sueñan ser chefs. Y porque John Lasseter y los suyos han sabido abrevar en el mejor cine clásico -Cars, por su dramaturgia, parece una película de los '50- y contar conflictos que más tienen que ver con el sentimiento de los adultos, como el amor, el heroísmo, la superación, pero desde protagonistas que pueden dejar hecho un flan al espectador más pintado... y hasta al propio protagonista de la película.
Eso le sucede a Wall-E, el robot que es una compactadora de basura, y que está solitario sobre la faz de la Tierra en el siglo XXVIII, y se encuentra con otra robot, que llega al planeta desde el espacio exterior para analizar si hay algún tipo de vida orgánica.
Los primeros 40 minutos de la película, en la que se presenta a Wall-E -cuesta llamarlo un artefacto-, que es tan ingenuo como tierno y que actúa como un chico. Y que descubre el amor viendo un musical (Hello, Dolly), corporizándolo en Eva, la robotina blanca que pasa a convertirse en el centro de su vida.
Y no vamos a contar nada más, porque todo lo que sucede luego de esos 40 minutos es mejor descubrirlo apoltronado en la butaca.
Los riesgos que ha corrido Pixar no han sido pocos con Wall-E. Todo ese gran comienzo de Wall-E devuelve a los adultos el placer de disfrutar el arte cinematográfico en estado puro. No son 40 minutos mudos, ya que las capas de sonido son vastas y llenas de significado. ¿Los chicos están, hoy, tan acostumbrados al ritmo del zapping, en el que todo pasa rápido, a ver una película "tranquila", con las emociones a flor de piel?
Mezcla del robot de Cortocircuito -para aquellos que pasaron los 40-, Arturito de La guerra de las galaxias y el Extraterrestre de Spielberg, Wall-E combina el humor chaplinesco con el heroísmo de cualquier ser (humano) que pelea por lo que más quiere. El muchacho tiene su vocabulario y sabe expresar lo que siente.
El tinte ecologista del filme no elude una crítica despiadada y nada velada al conformismo y el consumismo. En su afán por superarse, Wall-E es del mismo director de Buscando a Nemo: desde lo visual, Wall-E ya no parece un dibujo, y toda la recreación escenográfica hace olvidar rápidamente que estamos ante una película animada. Porque Wall-E es, sencillamente, una pequeña gran obra de arte.
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