Don Anderson es director de marketing de la cadena de hamburguesas Mickey`s. Cuando recibe la noticia sobre una investigación independiente que ha descubierto la presencia de excrementos vacunos en la carne con la que se fabrican las hamburguesas de su cadena
Lo primero que llama la atención de Fast Food Nation es que no se trata de una pequeña producción ni de un documental de denuncia realizado por jóvenes iracundos sino de una película a gran escala que contó con la participación de estrellas de Hollywood como Bruce Willis, Ethan Hawke, Greg Kinnear, Patricia Arquette, Kris Kristofferson y Avril Lavigne y con la batuta de uno de los directores más talentosos del cine norteamericano de los últimos años como Richard Linklater.
Que semejante cantidad y calidad de figuras se unan para un proyecto tampoco sería una gran novedad si no fuera que estamos ante la transposición de una de las novelas más controvertidas de la década, como la que Eric Schlosser escribió para cuestionar los abusos de la industria alimentaria y de las cadenas de comida rápida.
Este nuevo trabajo del realizador de Escuela de rock y Antes del amanecer ?autor del guión con el propio Schlosser? prescinde por completo de sutilezas e ironías para constituirse en una de las más directas y contundentes expresiones de cine político provenientes de la industria cinematográfica norteamericana en los últimos tiempos.
Narrada con una estructura coral (múltiples personajes centrales en varias subtramas) que remite al Steven Soderbergh de Traffic , al Paul Haggis de Vidas cruzadas , al Alejandro González Iñárritu de Babel y al John Sayles de Estrella solitaria , Fast Food Nation avanza por varios frentes: la investigación que el vicepresidente de marketing de una corporación dedicada a la venta masiva de comida rápida (Kinnear) debe realizar en el estado de Colorado por una denuncia de contaminación con excrementos vacunos de la carne con que se confeccionan las hamburguesas; las contradicciones y frustraciones de dos jóvenes que trabajan en uno de los locales de esa cadena (Ashley Johnson y Paul Dano); las penurias de varios inmigrantes ilegales mexicanos que son empleados en un frigorífico (Wilmer Valderrama, Catalina Sandino Moreno y Ana Claudia Talancón); las experiencias de un veterano ganadero (Kristofferson), y la más bien inocente rebeldía de un grupo de activistas estudiantiles.
Solvencia y compromiso
Linklater y Schlosser, aun a riesgo de caer en la obviedad y en el subrayado, no le temen a la denuncia (la crueldad con que se trata a los animales, el fuerte impacto negativo sobre el medio ambiente o los estragos que causan en la salud de la población) y hasta se animan a imágenes muy explícitas, de una crudeza casi insoportable, como las rodadas en un matadero de vacas. Para atenuar la bajada de línea discursiva ?y trabajar las historias como metáforas del estado de situación en la sociedad y en la economía de los Estados Unidos?, el director se apoyó en un excelente elenco en el que se destacan tanto los apuntados intérpretes que gozan de un gran despliegue en pantalla como aquellos que ?como Willis y Hawke? apenas tienen una o dos escenas para desarrollar sus personajes y aportar con fluidez diálogos tan inteligentes como ambiciosos y, por lo tanto, bastante riesgosos.
No hay en el film espacio para alardes ni virtuosismos técnicos ni para una gran sofisticación formal. La narración ?que ofrece la acostumbrada solvencia de Linklater? está concebida en función del gran objetivo del proyecto: cuestionar, denunciar y concientizar. En este terreno, se trata de una película muy lograda.