|
Sostuvo Robert Redford en varias entrevistas recientes que el objetivo principal de Leones por corderos era generar un debate público respecto de los no pocos y no menores temas que aborda: la política exterior de su país, el papel de los republicanos y el lugar de los medios masivos de comunicación en la guerra contra el terrorismo, el estado de situación de la enseñanza universitaria y la apatía de buena parte de la juventud.
Esta apuesta por la discusión puede ser loable, pero no alcanza si ese "mensaje" no está ligado a un medio (en este caso, una película) lo suficientemente rico y profundo (y sólido y entretenido) que sostenga y potencie ese sesgo polémico.
Más allá de una subtrama que narra las desventuras de dos jóvenes soldados (uno negro y el otro latino) que caen heridos en una montaña helada de Afganistán bajo el fuego talibán, el resto de los 88 minutos de Leones por corderos prácticamente se remite a largos diálogos en interiores: por un lado, entre un poderoso senador republicano que trata de difundir la nueva estrategia militar del gobierno (Tom Cruise) y una influyente periodista televisiva (Meryl Streep), que se debate entre su pasado progresista y las imposiciones conservadoras de su cadena; por el otro, entre un veterano profesor universitario (el propio Redford) y un joven tan brillante como apático (Andrew Garfield), que encuentra en el nihilismo y el cinismo la mejor manera de no comprometerse.
Pero, incluso, una vez planteadas las mayores limitaciones del film (su esquematismo, su puesta en escena primitiva), queda un segundo nivel de análisis y, en este caso, las cosas tampoco resultan demasiado favorables: los largos monólogos que inundan el film (y que con un encomiable profesionalismo sostienen tanto Cruise como Streep) no dicen nada demasiado novedoso: los paralelismos entre este conflicto y el de Vietnam; las implicancias que tuvieron los atentados contra las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 en el miedo que luego se le infundió a la sociedad norteamericana; el papel ambiguo, por momentos cómplice, de muchos medios de comunicación y unas cuantas cuestiones por el estilo.
Tras siete años de inactividad como director (su último trabajo había sido Leyendas de vida ), Redford decidió volver con una película "importante". Pero se olvidó de hacer una buena película.
Diego Batlle |