Lindo palacio pero sin
rey
Las leyendas de Taj Mahal; todas fascinan, pero hay una
que espanta.
La esposa preferida del gran Mogol Jahangir murió.
Desvastado,
resolvió honrarla construyendo un templo que le
sirviera de tumba. Su féretro fue colocado de una
gran parcela de tierra y se inició la construcción
del templo alrededor del mismo. No se ahorraría
gasto alguno para lograr que su lugar de descanso final
fuese magnífico.
Pero al convertirse las semanas
en meses, el dolor del Mogol fue eclipsado por su pasión
por el proyecto. Ya no lloraba por la ausencia de ella.
La construcción lo consumía.
Un día, mientras caminaba de un lado a otro de
la obra en construcción, su pierna chocó
contra una caja de madera. El príncipe se sacudió
en polvo de la pierna y ordenó al obrero que se
deshiciera de la caja.
Jahangir no sabía que había
ordenado la eliminación del féretro ---ahora
olvidado---- escondido bajo capas de polvo y tiempo.
La persona que se pretendía honrar mediante la
construcción del templo había sido olvidada,
pero el templo igualmente fue erigido.
¿Difícil de creer?
Quizás. Pero aun así produce espanto.
¿Podría ser que alguno construyese un templo
y olvidase el porqué?
¿Podría alguno construir un palacio y sin
embargo olvidarse del Rey?
¿Podría alguno esculpir un tributo y olvidarse
del héroe?
Responda usted esas preguntas.
Contéstela en una iglesia. La próxima vez
que entre a un culto, ubíquese de manera que pueda
ver a la gente.
Luego decida.
Uno puede darse cuenta de quiénes
recuerdan al que fue inmolado.
Tienen cara de asombro y expectativa. Son niños
que observan mientras se desenvuelve un regalo. Son siervos
que se quedan quietos al pasar un rey.
No se duerme en la presencia de la realeza. Uno no bosteza
cuando está recibiendo un obsequio, ¡especialmente
si el que lo da es el rey mismo!
También es posible darse
cuenta de cuáles sólo ven el templo. Sus
ojos divagan. Sus pies están inquietos. Sus manos
no dejan de moverse y sus bocas se abren… no para
cantar sino para bostezar. Pues por mucho que intenten
mantener su asombro, sus ojos comienzan a ponerse vidriosos.
Todos los templos, incluso el Taj Mahal, pierden su brillo
al cabo de un tiempo.
Los observadores de templos no
tienen intención de aburrirse. A ellos les encanta
la iglesia. Pueden nombrar sus actividades y alabar a
sus pastores. No es su intención volverse rancios.
Se ponen sombrero y medias de nylon, sacos y corbatas
y vienen todas las semanas. Pro aun así, Hay algo
que falta. Aquel que en una época pensaban honrar
desde hace tiempo ha desaparecido.
Pero los que lo han visto parecen
no poder olvidarlo. Lo encuentran, a menudo a pesar del
templo en el lugar de ser a causa del mismo. Limpian el
polvo y permanecen de pie eternamente impactados ante
su tumba… su tumba vacía.
Los edificadores de templo y los
buscadores del salvador. Los encontrará a ambos
en la misma iglesia, en el mismo banco… incluso
en ocasiones llevarán puesto el mismo traje. Uno
ve la estructura y dice: << ¡Cuán grande
es la Iglesia!>> El otro ve al salvador y dice:
<< ¡Cuán grande es Cristo!>>
¿Cuál es el que ve usted?