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Autoridad
y amor
Hablar de ejercer
autoridad y obtener obediencia hace fruncir el ceño a
más de uno en estos tiempos de constante prédica de "igualdad
y libertad" en las relaciones interpersonales, sin embargo,
es una dinámica en la que se mueven necesariamente una
gran parte de los grupos humanos de nuestra sociedad y
sus miembros la sabrán llevar a cabo con eficacia si la
aprendieron primeramente viéndola en sus hogares además
de haberse preparado intelectualmente para ello.
Autoridad y amor
son dos palabras que habitualmente no se leen juntas,
pero son vitales para obtener una familia feliz. Cuando
reconocemos a Dios como suprema autoridad y fuente del
más puro amor (1ª Juan 4:7-10), sólo nos falta dejarlo
entrar en nuestras vidas y hogares para comenzar a disfrutar
de la familia ideal que todos anhelamos para nosotros
y nuestros seres queridos.
El clima de amor
y respeto se respirará en la familia, cuando los hijos
lo hayan visto reflejado con anterioridad en la relación
de sus padres como esposos. A pesar de las vicisitudes
actuales, la familia sigue siendo la influencia social
más poderosa en la conducta del individuo. En todas las
culturas la familia existe como núcleo básico.
Los cónyuges deben
prepararse para desempeñar la función de educar a sus
hijos hasta que lleguen a adultos, y poder transmitirles
los valores permanentes de la dignidad humana. Deben saber
que esta función no puede ser sustituida satisfactoriamente
por otras instituciones como la escuela o la iglesia.
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