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La
transmisión de los valores
Las condiciones
socioculturales en las que se desarrollan los vínculos
en la familia son preocupantes; el Individualismo, la
menor vida interior, la ambigüedad para asumir compromisos,
el hedonismo, la desmotivación, el escepticismo, la sobrevaloración
de la libertad y el consumismo son moneda corriente en
este mundo de valores distorsionados.
Cualquiera sea
el ideal de sociedad que se promueva o se aliente, siempre
será necesario reconocer que la familia es el baluarte
en el que se comunican los valores fundamentales de la
vida. Las concepciones éticas que se aprenden en el hogar,
al calor del afecto que agrupa a las personas vinculadas
por lazos de parentesco sanguíneo o espiritual son las
que más profundamente arraigan en el corazón humano y
son -en la generalidad de los casos- las que sobreviven
a los embates más severos, a las pruebas más duras.
El reconocimiento
de la importancia que reviste el ámbito en el que los
seres humanos reciben la primera formación moral remite
a una verdad tan simple como esencial: la mayor riqueza
de una sociedad son las personas.
Muchos parecen
olvidar el capital más preciado de toda civilización son
las personas que forman parte de ella. Pero de qué familia
y de qué valores estamos hablando
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