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El Don de Profecia IV | Roberto Miranda

Hay iglesia pentecostales carismáticas que rayan en la brujería, perdonen la palabra que es un poco pesada, o en la magia, porque idolatran los dones, y hay como un ambiente de magia en el aire

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Hay iglesia pentecostales carismáticas que rayan en la brujería, perdonen la palabra que es un poco pesada, o en la magia, porque idolatran los dones, y hay como un ambiente de magia en el aire, y siempre como que se está esperando en qué momento va a decir alguien algo y si no sale, pues, lo fabrican o lo que sea, porque hay esa cosa.... ¿usted entiende?

Y no, mire, si Dios quiere hablar, habla. Gloria a Dios, estamos abiertos, lo recibimos, lo bendecimos, lo reverenciamos si viene de Dios, y si no gloria a Dios tenemos la palabra del Señor, tenemos la adoración que declara las verdades de Dios. No siempre tiene que batearse un jonrón, no siempre tiene uno que salir por allí cojeando porque el culto fue una cosa tremenda, estrafalaria.

A veces puede ser bien suave, bien lindo, bien tranquilo y gloria a Dios, hubo la misma manifestación del Espíritu Santo.

Pero a veces las iglesias como que crean una cuestión, una excesiva apreciación de los dones. Los dones hay que ponerlos en su lugar adecuado, en su lugar relativo.

Pablo dice, ‘mire, yo hablo en lenguas más que todos ustedes, pero prefiero hablar en la iglesia una palabra que sea de bendición al pueblo, que mil palabras que la gente no entienda.’ ¿Por qué? Porque Pablo era un hombre sazonado ya en las cosas del espíritu. Él lo había visto todo, había sido usado por Dios en todas las cosas. Había visto ya los excesos de las congregaciones y ya estaba curado de espanto y ya él sabía lo que valía y lo que era verdadero y lo que no.

Y eso pasa, con la experiencia uno va adquiriendo, y uno dice, mira, ok, se le cayó el moño a todas hermanas de la iglesia, pero se convirtió alguien. La iglesia creció en santidad. Hubo alguna revelación fundamental. Hubo edificación. Hubo palabra de doctrina, salieron los hermanos más fortalecidos. Y generalmente la respuesta es no, no, no, no. Entonces de qué sirvió todo ese despliegue de sobrenaturalidad.

Pablo dice, no, tiene que haber edificación, tiene que haber bendición, tiene que haber gloria a Dios, tiene que haber doctrina, tiene que haber algo. Eso es lo que condiciona el uso de los dones, hermanos, es que haya edificación.

Dice que los dones son dados para edificación, entonces, perdónenme si sueno un poquito, ya usted sabe, uno se entusiasma y se cree lo que está diciendo desde aquí arriba. Quisiera matizarlo un poco más, pero ustedes me entienden, ¿no?
A veces la profecía equivocada puede llevar a decisiones dañinas.

Cuántas personas han sido mal dirigidas porque han recibido una palabra. Mira, dice el Señor que te cases con fulanito porque ese es el hombre que Dios ha escogido por ti. Y allí va esa pobre hermana, como un corderito llevado al matadero a casarse, y después tiene que estar allí arreglando el Señor los desajustes que se dieron, ¿no?

Yo creo, una de las cosas más peligrosas es lo que yo llamo la profecía directiva. Múdate a esta ciudad, cásate con fulanito, divórciate de fulanita, coge esta profesión, compra este carro, esa marca. Tenga mucho cuidado. O el niño va a salir varón, ¿cuántas veces he oído? Oh, ese es un varón. Dios te dice que el niño es varón y después sale más hembrita que Marlene Dietrich o algo por el estilo.

Tenemos que tener cuidado, hermanos, sobretodo cuando usted de una palabra, cuando usted sienta del Señor dar una palabra directiva, dígalo con humildad y con sencillez de corazón porque el record profético no es tan bueno. Y yo creo que hay que a veces decir las cosas como son. Entonces no venga usted como si hay record de ciento por ciento de exactitud, no lo hay.

Y si usted le va a dar a alguien que puede determinar una parte significativa de su destino, y de su vida, delo con el cuidado y el respeto y la humildad adecuada. Y dígale, mira, yo siento del Señor, decirte esto, pero busca confirmación de parte de Dios.

Y estoy cumpliendo con mi deber, pero solamente hago eso, así que ahora órale al Señor para que te confirme lo que yo estoy diciendo. ¿Usted entiende? En vez de ofenderse porque la persona de una vez no salta a hacer lo que usted dice que haga. Hay que ser humildes, hermanos. Eso es bíblico y eso es conforme al corazón de Jesucristo.

A veces profetas inmaduros, finalmente una nueva razón por la cual hay que tener cuidado, a veces profetas inmaduros pueden caer bajo engaño diabólico y llevar en error a toda una congregación.
Los Mita en Puerto Rico, una iglesia que comenzó pentecostal a rajatabla, una iglesia muy pentecostal, donde Dios aparentemente se movía pero ¿qué pasó? Con el tiempo, la pastora, la persona que dirigía comenzó a pensar que Dios, el espíritu de Dios estaba sobre ella, que ella era la diosa Mita y cuando vino a ver esa mujer desarrolló una de las herejías más grandes que hay en toda Latinoamérica. Y cuando se murió ella, para corregir la siguiente dijeron que Dios había pasado a su esposo.

Y estos son errores. ¿Cuántas veces hemos visto a través de la historia ministerios que han comenzado bien, han comenzado llenos del espíritu de Dios pero poco a poco ha crecido una raíz de amargura, de orgullo, de venialidad, de dinero, de sensualidad y el diablo, poquito a poquito se ha ido metiendo en el corazón de esa persona y tornando su influencia en algo que ha destruido muchísimas vidas, congregaciones enteras, Jim Jones y otros por el estilo.

Quizás comenzaron bien, pero terminan en error porque se dejaron llevar por otros espíritus.
Y por eso, hermanos, es que yo señalo estas cosas, no porque yo esté en contra de la profecía, sino todo lo contrario, porque la respeto tanto y porque quiero proveer una sana imagen de lo que es la profecía.

Habiendo dicho todo esto, yo digo lo que dice, Primera carta a salonicenses, Capítulo 5, versículos 19 al 21, el Apóstol Pablo dice:
“... no apaguéis el espíritu, no menospreciéis la profecías, examinadlo todo, y retened lo bueno....”
Nuestra iglesia nunca, nunca con la ayuda del Señor apagará el espíritu. Muchos movimientos de avivamiento a través de la historia han sido apagados por gente racionalista que no sabían manejar el mover sobrenatural de Dios y han matado y han apagado el espíritu a través de la historia.

Yo amo el mover del espíritu y quiero más de eso, y por eso estoy tomando toda esta semana para predicar acerca de los dones del Espíritu Santo. Y yo digo, nunca apaguemos el espíritu, nunca menospreciemos la profecía.

¿Por qué Pablo dice eso? Porque yo creo precisamente que pasaba lo que pasa en estos tiempos, donde ha habido tanto error a veces alrededor del tema de la profecía que ya la gente lo subestima, y dice, ‘ah, esos son cuentos de hadas, son cosas de viejas’. Y Pablo dice, ‘no, no menosprecien las profecías, retengan lo bueno de ellas, examínenlo todo y lo bueno reténganlo.’

En otras palabras, en el mover profético hay muchas nueces muy ricas, entonces lo que tenemos que hacer es examinarlo todo y retener aquello que es de Dios y lo demás lo ponemos a un lado. Mucha gente cuando ven un poco de error en el mover profético lo tiran todo de una vez a la basura, en vez de buscar lo bueno y retener eso. Eso es sano consejo de la palabra de Dios.

Hay tantas otras cosas que yo quiero decir, hermanos, voy a pedir a los músicos que pasen por acá rápidamente. Déjenme terminar con algún, así rápidamente, lo voy a leer solamente mientras los músicos pasan por aquí.

Quiero terminar con algo así bien positivo, prescriptivo. Yo he puesto como muchos puntales alrededor, y espero que lo que quede es mi gran reverencia por el mover profético de Dios y que yo creo en la profecía.

Si tu te vas a mover y vas a ejercer el don, si tu crees que Dios te está llamando a un mover profético:
Primero, profetiza naturalmente, profetiza en palabras comprensibles para la persona. No tienes que adoptar un tono demasiado dramático. Hay veces que la palabra puede fluir en una forma natural. Profetice naturalmente.

Sujétate a tu pastor. Yo agradezco cuando la gente se somete a mi autoridad pastoral. Yo tengo una responsabilidad delante de Dios de proteger a esta congregación y a veces tengo que juzgar, a veces las personas vienen y quieren como imponerse sobre mí para que yo los deje profetizar y si yo.... yo estoy, hermanos, yo estoy en el.... digamos delante Dios, yo le digo a la gente, mira, yo me hago responsable delante del Señor.

Yo creo que si yo estoy impidiendo que algo se de por amor a mi congregación Dios va a entender si yo me equivoco, y él va a darme gracia. El pastor tiene una posición muy poco envidiable, donde tiene que concertar muchas diferentes cosas.

Yo amo a la gente humilde que cuando siente una palabra profética, viene a donde mí y me la comunica y entonces me dan a mi la libertad para yo darle curso o no.

Y si no siguen tan amigos conmigo como si nada hubiera pasado. Ese es el don profético. Esa es la humildad que se debe tener.

Profetiza con humildad, no creas que porque tu tienes un don profético eres la última Coca Cola en el desierto. Y profetiza en una forma sencilla y somete tu profecía al juicio de la gente y entonces retírate. Ya tu cumpliste con tu deber, ahora deja eso en las manos de Dios y de la persona que está recibiendo.

Profetiza con corazón pastoral. Discierne el momento, discierne el tema, discierne la persona, discierne la situación, discierne la congregación, hay revelaciones, hay palabras proféticas que Dios te va a dar, que si tu las anuncias ante una gran multitud vas a avergonzar a alguien o vas a dividir un matrimonio, o vas a crear problemas para el pastor, o vas a dejar una congregación toda dividida y confundida. Eso no es de Dios. La palabra de Dios no trae confusión.

Entonces, hay que discernir. Si tu crees que una persona está endemoniada, no se lo digas de frente a 500 personas, si ya estuvo endemoniada probablemente mucho tiempo, unos minutos más que espere a que termine el servicio, para que tu se lo digas personalmente no le va a hacer ningún daño. Espera el momento, pero a veces nosotros sentimos algo y queremos anunciarlo para que la gente vea nuestra unción profética. Eso es de la carne, eso no es de Dios.

Profetiza con corazón pastoral. La profecía tiene que ser pastoral y misericordiosa y de gracia y madura y sabia, y sobria, y busca bendecir y levantar, no busca atropellar.

Crece en tu conocimiento bíblico y en tu madurez espiritual. Mientras tu más conozcas de la palabra y mientras más maduro tu seas en el espíritu, más vas a poder manejar ese sublime don que Dios ha puesto en tus manos, de la profecía.

Mucha gente son muy proféticos, pero son muy inmaduros y entonces hacen daño, tienen un arma muy fuerte, y como no la saben usar le vuelan la cabeza a medio mundo y de vez en cuando pues, pegan en el corazón. Pero mucho mejor que tu crezcas. El que tu seas profeta no te exime de crecer en el conocimiento de la palabra de Dios y también crecer en el fruto del Espíritu Santo. Eso va a bendecir tu don más que empobrecerlo.

Cultiva el fruto del espíritu. Mucha gente se enamora del don del espíritu, pero no cultivan el fruto del espíritu y un don usado en el fruto del espíritu es bellísimo, tiene una belleza especial.

Cuidado con el orgullo espiritual. Cuidado con las profecías directivas. Háganla con una forma tierna y tentativa y discierne lo que es circunstancial de lo que es divino y espiritual. Porque muchas veces lo que estamos viendo es psicología y no es revelación divina. Vemos una persona, con una ropa mal vestida, y decimos, ‘oh, Dios dice que estás en necesidad financiera’.

Bueno, cualquier psicólogo puede ver eso y decir, es cierto, ¿no? A veces lo que tenemos es más bien perspicacia psicológica y lo llamamos profecía. Entonces, tenemos que tener cuidado, discernir verdaderamente que lo que estamos diciendo lo estamos diciendo en el espíritu.

Hermanos, voy a terminar porque los niños parece que ya me están diciendo, ‘Pastor, es hora de que usted termine’. Me tomo tiempo porque es un tema bien complejo y es un tema bien importante y es un tema que necesita claridad y que el pueblo de Dios está viviendo un tiempo muy peligroso y yo se que Dios va a moverse más y más en medio de nosotros y tenemos que proveer una buena chimenea para el fuego que Dios está trayendo. Amen, para que no se nos queme toda la casa, sino que haya bendición y calor para el pueblo de Dios.

Gracias por ser pacientes y que estas palabras se queden en sus corazones. Amamos el don profético. Amamos la manifestación del poder de Dios. Queremos que Dios se mueva más en medio de su pueblo, queremos proveer sanos canales dentro de los cuales corra la energía divina. Recibe esa palabra del Señor en esta mañana.

Ponte de pie un momento, mi hermano, mi hermana, y si tu sientes del Señor que Dios te está llamando a ejercer el don profético ahora mismo dile, ‘Padre, yo recibo tu unción espiritual, yo quiero que tu me uses y estoy abierto’.

Y si Dios pone en ti un impulso y tu sientes que Dios está hablando y que quiere comunicar algo a través de ti a una persona, hazlo con humildad, hazlo con amor, hazlo con sencillez de corazón y dile, mire, de lo que tengo te doy, como dijo Pedro, ‘No tengo oro ni plata pero lo que tengo te doy. Tengo algo que Dios ha puesto en mi corazón y lo voy a compartir contigo y espero que te sea de bendición. Ora y pide confirmación de parte de Dios.’

Usa tu don, ejerce tu don, ejercita tu don y ve creciendo en uso y en sabiduría y en experiencia y atrévete más y más hasta que tu don entre en una plena manifestación.

Padre, en el nombre de Jesús yo pido que por esta palabra predicada tu pueblo, Señor, reciba ánimo y deseo de moverse más en lo sublime de tu poder sobrenatural, Señor. Declaramos la soltura del don profético en el corazón, en el espíritu de tu pueblo, Señor.

Te damos gracias, porque tu eres el mismo ayer, hoy y por los siglos. Te damos gracias, Señor, porque hay profetas en nuestro medio. Te damos gracias, porque hay palabra profética que ha sido de bendición a esta iglesia y a nuestras vidas, Señor.

Te damos gracias porque tu has tenido misericordia de nosotros y no has mirado nuestra bajeza, Señor, sino que con tu amor incomprensible, has dado estos dones para edificación de este pueblo, y le damos la bienvenida, Señor y pedimos que tu desates ese don en el corazón y el espíritu de tus hijos, en el nombre de Jesús, más de unción, Señor, más de tu mover profético, más revelación clara y cristalina, Padre.

Anhelamos escuchar de ti, Señor. Queremos tratos contigo, queremos intimidad contigo, Padre. Queremos todo lo que venga de ti, lo recibimos y lo ponemos a correr en la vida de tu pueblo, en el nombre poderoso de Jesús, y nosotros decimos, Amen, que el Señor sea con ustedes, mis hermanos, su gracia les bendiga grandemente.


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Sermón de Dr. Roberto Miranda grabado 10 de febrero 2008 en Congregación León de Judá

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