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Jesucristo, el Cordero de Dios

Reflexiones y Mensajes de Semana Santa por Arturo J. Hotton

Leer | MATEO 26.47–27.56 Jesús es llamado por varios nombres: Mesías, Señor, Cristo, Rabí, Maestro, pero el menos familiar para el mundo de hoy es el de Cordero de Dios.




Puesto que la mayoría de nosotros no tenemos antecedentes judíos, nuestra comprensión de este título es limitada. Pero los israelitas de aquel tiempo entendían el significado de este nombre. Los corderos eran para el sacrificio.

Dios siempre ha tratado con el pecado por medio de la sangre de sacrificios. Cuando Adán y Eva pecaron, un animal fue sacrificado para cubrir la desnudez y la vergüenza de dos personas (Gn 3.21). En la primera Pascua, cada familia cubrió el umbral de la casa con la sangre de un sacrificio (Éx 12.1-7). Más tarde, un macho cabrío era sacrificado para expiación de toda la nación (Lv 16.15). Ahora, en Juan 1.29, vemos el sacrificio máximo —del Cordero que quita los pecados del mundo.

Normalmente, los logros más impresionantes de una persona se realizan mientras ella vive, pero piense en lo que Jesús logró con su muerte. Así como animales inocentes habían muerto en lugar de los culpables, también Cristo dio su vida perfecta por la humanidad pecadora. Asumió la responsabilidad total por todos nuestros pecados, y recibió el castigo que merecíamos. Mientras colgaba en la cruz, el juicio y la ira de Dios se derramaron sobre Él, no sobre nosotros.

Puesto que estamos limitados por nuestras mentes y sentidos humanos, no podemos comprender por completo todo lo que el Cordero de Dios soportó para darnos la salvación. Pero sabemos lo suficiente para entender que le debemos nuestras vidas. Él tomó nuestro lugar en la cruz; démosle, entonces, el primer lugar en nuestros corazones.


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