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Qué deseo que
los oyentes hagan como resultado: Que los que están
llenos del Espíritu Santo ejerciten su fe para vivir
en santidad. Y los que no están llenos, tengan sed
de recibirlo.
Primera frase: ¿Cuál
es la razón más importante que motivó
a Dios decidir llenarnos de su Espíritu Santo? ¿Por
qué Dios prometió llenarnos de su Espíritu?
13-Jun-00, Eze. 36:26—27,
Jer. 31:31-34
INTRODUCCIÓN
Al amor inmerecido
e incondicional de Dios, se le llama también Gracia
o Nuevo Pacto. Un pacto es una promesa o compromiso. Esencialmente
hay dos pactos diferentes. El viejo llamado La Ley y el
nuevo llamado La Gracia. Bajo la Ley el pacto nos comprometía
a nosotros a obedecer y Dios se comprometía a bendecirnos
y salvarnos.
El viejo pacto no
logró nada, porque ningún ser humano pudo
obedecer todos los mandamientos de la Ley de Dios. Todos
terminamos condenados y merecedores del infierno. Viendo
Dios que muchos seres humanos querían obedecerle
pero no podían, hace un Pacto Nuevo, el de La Gracia.
Bajo La Gracia Él promete ayudarnos a cumplir nuestra
parte del pacto dándonos poder para vencer las tentaciones
del mundo y obedecerle, el poder del Espíritu Santo.
A. "HARÉ
QUE ANDEIS" Ezequiel 36:27
- "Y pondré dentro
de vosotros mi Espíritu, y haré que
andéis en mis estatutos, y guardéis
mis preceptos y los pongáis por obra"
Ezequiel 36:27, Reina Valera. Esta es la gran Promesa
del Padre. Es para ayudar a solucionar el problema mayor
de la Raza Humana. "Infundiré mi espíritu
en vosotros y haré que os conduzcáis
según mis preceptos y observéis y practiquéis
mis normas" Biblia de Jerusalén. Esto
lo prometió Dios a los antiguos creyentes judíos
que procuraban pero no podían cumplir La Ley
de Moisés. "El Espíritu (soplo) de
Dios… se apodera de los hombres para dotarles de un
poder sobrehumano… una efusión extraordinaria
del Espíritu, que alcanzará a todos los
hombres para comunicarles carismas especiales…. Una
renovación interior que les hará aptos
para observar fielmente la Ley divina que será
el principio del Nuevo Pacto que hará germinar
frutos de justicia y santidad y garantizarán
a los hombres el favor y la protección de Dios."
-
Comentario
de Ezequiel 36:27 de la Biblia de Jerusalén.
-
El problema más grande del
Ser Humano es nuestra debilidad ante las tentaciones
y la falta de fuerza para obedecer la ley de Dios. Esta
incapacidad nos frustra y nos hace rebela. Nos molestamos
que nos manden, que nos corrijan y que nos reprendan.
Nuestro interior se enerva y nos enojamos con nosotros
y con Dios. Y si obedecemos por obligación, quedamos
amargados y seguimos rebeldes en nuestro interior.
-
La obediencia forzada no satisface
a Dios nuestro Padre. El desea que lo hagamos con ganas
y alegría. La obediencia forzada nos hace sentir
empleados o esclavos y no hijos. Dios podría
programarnos para ser obedientes, como robots y responder
perfectamente a sus órdenes, pero eso tampoco
le satisface. Él es un ser emocional y sentimental,
es Padre y quiere lograr que sus hijos rebeldes, no
solo quieran obedecerle sino que lo hagan con
alegría y satisfacción, no por obligación,
coerción o miedo a un castigo. Sino por voluntad
propia, amor y alegría.
-
El ser llenos del Espíritu
Santo no nos obligará a obedecer automáticamente
porque nos transformaría en autómatas.
Sería como grabarse un cassette diciéndose
"te amo" y lo escucha uno mismo. No tiene
valor. Cuando uno está lleno del Espíritu
Santo, los deseos, la voluntad humana y la tentación,
quedan intactos. Pero el Espíritu Santo
proporciona el poder necesario para vencer si así
lo decidimos. Si queremos obedecer a Dios ¡podemos!
La capacidad está latente, si no queremos no
lo hacemos, aunque tengamos el Espíritu Santo.
Los que estamos llenos del Espíritu Santo somos
potencialmente santos, cuando vienen las tentaciones
tenemos la capacidad para decidirles ¡no!. Si elegimos
ceder, también podemos. La diferencia es que
antes no teníamos poder y teníamos que
ceder siempre, éramos esclavos. Ahora somos libres,
tenemos poder de decir no o sí, la decisión
sigue en nuestras manos.
-
Casi todos los seres humanos tenemos
buenas intenciones. San Pablo describe su experiencia:
"el querer el bien, está en mi, pero no
el hacerlo" Romanos 7:18. Todos quisieran
ser buenos, pero no lo pueden lograr. Casi todos los
alcohólicos no quieren serlo. Casi todos los
que fuman desearían dejar. Los malos padres,
quisieran ser buenos. Los adúlteros deciden muchas
veces dejar de serlo. Hay poca gente que desea ser mala,
quizá sólo los satánicos. Pero
yo estoy hablando a la gran mayoría de ustedes
que desean ser buenos y obedientes a Dios y no lo han
podido lograr. La llenura del Espíritu Santo
es precisamente para darnos poder, fuerza y energía
para resistir al Diablo y sus tentaciones y lograr agradar
a Dios. El Espíritu Santo no es nuestro "obligador"
sino nuestro "ayudador y confortador" para
lograrlo.
B. "PONDRÉ
MIS LEYES EN SU INTERIOR"
- "He aquí vienen
días, dice Jehová, en los cuales haré
un nuevo pacto con la casa de Israel… Daré mi
ley en su mente, y la escribiré en su corazón…"
Jeremías 31:31, 33. "Grabaré mis
leyes en el corazón de ellos, para que quieran
honrarme.." Versión La Biblia al Día.
El viejo pacto era una ley escrita en piedras y papiro
que había que leer y tratar de cumplir bajo amenaza
del infierno. Como nadie podía cumplirla, todos
vivían bajo condenación continua. Para
aplacar sus conciencias ofrecían a Dios sacrificios
de animales y aves, pero eso era una aspirina y no una
cura. Siempre vivían bajo condenación
2 Corintios 3:9, por eso vivían repitiendo los
mismos sacrificios Hebreos 10:1-4. La ley estaba allí
afuera, pero adentro del ser no había la capacidad
de cumplirla.
- La Promesa del Padre, o Nuevo
Pacto, es escribir la Ley no más afuera de nosotros,
acusándonos y decretando nuestra muerte 2 Corintios
3:6, sino en nuestro interior. Ya no sería una
coerción de afuera, sino una guía, una
capacidad, un poder de adentro. Algo así como
el volante hidráulico o el freno hidráulico
(power steering and power brakes) que no tenemos que
hacer mucha fuerza. Eso es Cristo en Nosotros, eso es
ser llenos del Espíritu Santo. Ahora no solo
tengo adentro el deseo de obedecer a Dios sino
también el poder para hacerlo. Cuando
decido hacerlo y creo que puedo, ¡es posible!
- San Pablo dice a los creyentes:
"siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida
por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu
del Dios vivo; no en tablas de piedra sino en tablas
de carne del corazón." 2 Corintios 3:3.
Cuando nos anuncian a Jesús y le abrimos el ser,
el Espíritu Santo graba en nuestras conciencias
los deseos de Jesús. Pablo dice: "Dios es
el que en vosotros produce así el querer como
el hacer por su buena voluntad." Filipenses 2:13.
"Es Dios que obra dentro de ustedes, dándoles
la voluntad y el poder de lograr su propósito"
Modern Phillips.
C. LO QUE
DIOS NOS PROPORCIONA
- "El fruto del fruto del
Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad,
bondad, fe, humildad y dominio propio" Gálatas
5:22. "si sois guiados por el Espíritu,
no estáis bajo la ley" Gálatas 5:18.
Aquí tenemos los dos pactos, el Viejo, que es
obedecer una ley externa y el Nuevo, o gracia, que es
obedecer un deseo interno. En el Viejo Pacto teníamos
mandamientos pero no poder para cumplirlos. En el nuevo
Pacto Dios graba los mandamientos en nuestra conciencia
y nos da el poder para obedecerlos si así
lo decidimos. El Espíritu no nos fuerza ni
obliga, sino que nos guía, nos induce Juan 16:13.
Nosotros decidimos obedecer o no. Si decidimos obedecer,
allí está el poder del Espíritu.
Como el freno hidráulico, si decido frenar, allí
está el poder. Debemos usar nuestra fe para creer
que podemos ¡y podemos! "Todo lo puedo en Cristo
que me fortalece" Filipenses 4:13.
- En realidad, esta ayuda interior
prometida por el Padre, es un regalo, un favor. Es Dios
poniendo a disposición de nosotros su carácter.
Cuando Dios dijo: "Pondré dentro de vosotros
mi Espíritu", es poner su personalidad.
Su Espíritu no es un adorno sobre la mesa de
luz de nuestro corazón, sino un poder para vencer
las tentaciones del Enemigo y hacer lo que fuimos llamados
para ser. Si elegimos amar, gozarnos, tener paz, paciencia,
benignidad, bondad, fe humildad y dominio propio, ¡podemos!
allí está a nuestra disposición.
No nos obliga, porque somos libres, pero sí,
está disponible. Si elegimos practicarlo allí
está el poder para lograrlo.
CONCLUSIÓN
- Ya no es una cuestión
de poder o no poder, porque el poder lo tenemos. Es
una cuestión de querer o no querer y de creer
o no creer. "El justo vivirá por la fe"
Romanos 1:17, empieza por la fe y continúa viviéndo
por la fe. Todo es cuestión de fe. Uno es tan
poderoso como cree que lo es. El poder está todo
a disposición ¡en nosotros! La fe es la
clave. ¿Crees que lo tienes o no? Jesús dijo
vez tras vez cosas así: "¡si pudieras creer!
al que cree, todo es posible" Marcos 9:23, "si
creyeres verás la gloria de Dios" Juan 11:40,
"Como creíste te sea hecho" Mateo 8:13,
"No temas, cree solamente" Marcos 5:36, etc.
etc.
- De manera que primero debemos
decidir si queremos ser santos, obedientes y testigos
fieles. Lo segundo es creer que el poder para lograrlo
ya está en nosotros por el Espíritu Santo
que nos fue dado y tercero: actuar.
INVITACIÓN:
- ¿Qué cosa desearías
hacer y hasta ahora no has podido? ¿Vencer las tentaciones?
¿vivir en santidad? ¿hablar a otros de Cristo? ¿diezmar?
Si crees que no puedes es porque le creíste la
mentira a Satanás. Si crees que puedes es porque
le creíste la verdad a Dios.
- Decide, cree y actúa.
ORACIÓN:
Señor, ¿cuando terminaremos de entender la Gracia?
Claro, quizás nunca. Cada día aprendemos más
de ella y siempre queda más por aprender. En la gloria
sabremos más, pero aún allá cada día
se abrirán más nuestros ojos a esta grandeza
de tu Gracia. Señor, por lo menos haznos entender
hoy esta parte de tu maravillosa Gracia. Ya aprendimos que
nos perdonaste todos nuestros pecados. Hoy hemos visto que
gracia no es permiso para pecar, sino lo contrario, nos
das el poder para no pecar. Señor, yo lo he explicado
lo mejor que pude. Espíritu Santo ayúdanos
a entenderlo. De mi parte yo decido vivir en santidad, decido
vencer las tentaciones, decido hablar a otros de Jesús,
decido pagarte tus diezmos, y creo que voy a poder porque
tu me diste la gracia de poder. En tí es verdad el
dicho español "querer es poder". Quiero,
creo, puedo y lo haré. Amén.
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