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Lectura Bíblica:
San Lucas 2:41-52
El texto
de San Lucas que hemos leído en esta mañana
nos muestra que la presencia cotidiana de Jesús en
el hogar, permitió a José y a María
tener la ilusión de que el niño era de ellos,
que les pertenecía.
Este texto muestra
que Jesús, aún con doce años, se da
cuenta de que El no es propiedad de sus padres. El los libera
de su posesividad. Es lógica la actitud angustiosa
de María: Hijo mío ¿por qué
te has portado así con nosotros? Estos padres se
sienten atacados sencillamente porque Jesús actúa
según su vocación.
Jesús muestra
a sus padres, como deben hacerlo todos los hijos, que los
padres tienen que liberarse de la posesividad de sus hijos
para que éstos puedan ser verdaderamente libres.
Este texto nos muestra el desarrollo normal de un adolescente
en una familia sana.
Jesús no abandona
a sus padres, solo les señala que ya no es más
un niño, ahora es el hijo. Esto es necesario interpretarlo
en su contexto histórico. La expectativa de vida
era muy limitada en tiempos de Jesús. Estudios realizados
por arqueólogos en cementerios del siglo I, muestran
que el promedio de vida de los difuntos era de 25 años.
Luego a los doce años una persona era adulta. Para
que una sinagoga pueda funcionar, aún hoy, se necesita
la presencia de por lo menos diez hombres cuya edad sea
de trece años en adelante. Esto es necesario para
poder representar a la comunidad de los creyentes. Nuestro
Señor Jesucristo lo hace mucho más sencillo:
"Dondequiera que dos o más se reúnan...
allí estaré con ellos".
De la misma manera,
los padres de hoy, debemos aceptar que nuestros hijos pertenecen
a Dios, el cual les concede libertades y les impone límites.
Los padres debemos recordar que nosotros también
estamos bajo la soberanía de Dios. Esta realidad
puede ser ilustrada con lo que me contó una madre
recientemente. "El último de mis hijos terminó
el secundario, por ese motivo hicimos una gran fiesta familiar.
Esa misma noche tuve un sueño muy raro. En el sueño
entré, por error, en un baño para caballeros
y me encontré con un hombre que hacía sus
necesidades.
Al darme cuenta de
mi error trato de salir rápidamente pero, de repente,
entró mi hijo, el que terminó el secundario,
resbala y se cae por el agujero estrecho que se usaba como
letrina. El se agarró y sólo le veíamos
las manos. Estaba en un agujero lleno de caca. El señor
tiró de la cadena y entre los dos logramos sacarlo
del agujero. Estaba cubierto de una sustancia gelatinosa
y de sangre. Mi hijo no estaba preocupado sino alegre y
sonriente y me dijo: GRACIAS MAMA. No sé por qué
relaciono este sueño con un parto. Creo que no es
necesario insistir mucho más para que todos se den
cuenta de que esta madre entendía, inconscientemente,
que el bebé que un día dio a luz no existía
más, que había desaparecido. Ahora no tenía
más un niño, pero tenía un hijo. Y
lo seguiría teniendo durante toda su vida.
Si admitimos la afirmación
del Dr. Frankl de que existe un inconsciente espiritual
y que éste se puede expresar a través de los
sueños, el sueño de esta madre es una expresión
de una vida espiritual madura.
Los padres deben
tener bien claro que por haber crecido, jamás un
hijo deja de ser hijo. Sólo que nunca más
es un niño, ni debe ser tratado como tal. Ese es
el gran ejemplo que nos da Jesús en relación
con sus padres humanos. Tratar a los hijos como niños
hace mal a los padres y a los hijos.
Del Diccionario de
Teología Bíblica, impreso oficialmente por
la Iglesia Católica, tomamos un párrafo referido
al texto que nos sirve de base para nuestra predicación:
"A los doce años, israelita con pleno derecho,
proclama Jesús a sus padres de la tierra que debe
ante todo entregarse al culto de su Padre celestial (Lc.
2:49). Cuando inicia su misión en Caná, sus
palabras a María: "Mujer déjame"
(Jn. 2:4) no son tanto las de un hijo cuanto las del responsable
del Reino; así reivindica su independencia de enviado
de Dios. En adelante la madre desaparece tras la creyente
Cf. Mc. 3:32-35; Lc. 11:27 y sigs." Llama la atención
las palabras finales: EN ADELANTE LA MADRE DESAPARECE TRAS
LA CREYENTE.
Veamos otra opinión
católica, la de una laica francesa, Francoise Dolto,
quien en su libro titulado El evangelio ante el psicoanálisis,
dice: "En primer lugar, Jesús se separa de María
en cuanto madre humana: "No te pertenezco; era tu hijo,
pero ahora me debo a los asuntos de mi Padre. Sigo mi propia
voz, mi vocación". Para José, Jesús
desempeña un papel de revelador. Repite la anunciación
del ángel a José en sueños: "No
te has equivocado: no soy tuyo, soy hijo del Altísimo".
Jesús no pertenece ni a María ni a José.
Sin embargo, se somete obedientemente a José para
continuar su adolescencia. Ve en este padre aquel que le
da unas armas humanas y lo construye, porque hay que ser
fuerte para ser carpintero. Hay que ser fuerte para echar
a los vendedores del templo.
No crece como un
clérigo que sólo conoce los libros, ni como
un joven retrasado, aparentemente sumiso por temor o dependencia,
aunque siempre con una cuenta pendiente con su padre. Es
ejemplar que un niño se separe de su madre y descubra
la dirección de su vida con la ayuda y el sostén
de su padre. El período de la infancia de Jesús
se acaba con este hecho significativo. En Jesús nace
el hombre. Por sus palabras incomprensibles para sus padres,
manifiesta que asume el deseo al que le llama su condición
de hijo". (Págs. 35-36)
Jesús,
Hijo de Dios
Algunos usos de este
título implican la deidad de Jesús. Esto se
ve claramente en el primer capítulo del Evangelio
según San Juan, en donde se hace referencia al Hijo
Unigénito de Dios, o sea, al único en su clase.
(Cf. Juan 1:14,18). Aquí a Jesús se le llama
el Verbo.
El título
de Hijo de Dios también se utiliza para dejar establecida
la subordinación de Jesús al Padre, en la
humillación que fue para El la encarnación.
El Padre es mayor que El y Jesús lo expresa así:
"Habéis oído que yo os he dicho: Voy,
y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado,
porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor
es que yo" (San Juan 14:28).
Jesús se somete
a la autoridad del Padre, pero hay entre ambos una preciosa
armonía en propósito y en acción. Escuchemos
sus palabras: "No puede el Hijo hacer nada por sí
mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que
el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente"
(San Juan 5:19).
No podemos comprender
el sentido de la encarnación aparte de la redención.
La Navidad se corona en la gloriosa mañana de la
Resurrección. De ahí ese versículo
que todos conocemos de memoria y que algunos han llamado
el evangelio en miniatura que dice así: "Porque
de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su
Hijo unigénito, para que todo aquel que en él
cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16).
Conclusiones
En el primer sermón
planteamos, como conclusión, dos preguntas que ahora
repetimos. ¿Por qué no imitar a María
como "contrabandista del Cielo", como la llamó
Von Allmen? ¿Ha pensado, hermano, que cada vez que
usted le presenta a Cristo a una persona está trayendo
al mundo, de contrabando, algo celestial? Una cosa es el
proselitismo y otra la evangelización. Si lo que
nos interesa en aumentar la membresía de nuestra
congregación para sentirnos orgullosos de !Cuan grande
es!, estamos haciendo proselitismo. Si lo que nos interesa
es procurar un mundo mejor donde toda la humanidad haga
propia la obra redentora de Jesucristo a través de
su sangre vertida en el Calvario para hacer posible el perdón
de los pecados, entonces ESTAMOS EVANGELIZANDO.
Veamos ahora una
de las cuatro conclusiones del segundo sermón: Uno
de los grandes problemas de nuestros tiempos es el peligro
de la desintegración de la familia. La Iglesia es
la única reserva moral y espiritual que le queda
a la humanidad. Todos los cristianos debemos esforzarnos
por mejorar nuestras relaciones familiares a la luz del
Evangelio, tomando como modelo a la FAMILIA SAGRADA. Esto
quiere decir que la mejor evangelización es el testimonio
que una familia puede dar a otra por lo que es y por lo
que hace.
El mejor modelo
de Hijo es Jesús y el mejor modelo de padres humanos
son José y María. Dios, nuestro Señor
nos ha concedido estos tres modelos arquetípicos,
ejemplares. Estos padres son modelos de humildad, fe, disponibilidad
ante las demandas divinas, obediencia y perseverancia a
través de toda la vida. Rogamos al Señor que
bendiga y ayude a cada uno de los hijos de nuestra Iglesia
a tomar a Jesús como modelo de hijo. También
rogamos al Señor que bendiga y ayude a cada uno de
los padres de esta congregación a tomar a José
y a María como modelos de padres. Y que el Dios del
Cielo, además de una vida familiar feliz en este
mundo, nos conceda un día el gozo de estar en Su
presencia, justamente por haber seguido el modelo de vida
que El nos ha dejado.
Pero sobre
todas las cosas, porque cada uno de nosotros, de verdad,
no a la manera de Zacarías, hemos aceptado a Jesucristo
como enviado del Cielo, como nuestro Señor y Salvador
personal. Quien con su sacrificio expiatorio ha hecho posible
el perdón de nuestros pecados. La salvación
personal está al alcance de cada uno de nosotros,
sólo hay que tomarla por la fe. Como nos dice San
Pablo: "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz
para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo"
(Romanos 5:1). AMEN.
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