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“Príncipe
de Paz.” (Isaías 9:6)
Hace algunos años
se publicó una postal de Navidades que llamó
mucho la atención. Dicha postal se titulaba. “Si
Cristo no se hubiese venido.” Tenía su fundamento
en las palabras de nuestro Salvador, “Si yo no hubiese
venido”. La postal representaba a un pastor evangélico
que en la mañana de Navidad, se había quedado
dormido en su despacho y soñaba en un mundo en que
Jesús nunca había venido.
En un sueño,
creía que estaba en su casa y no podía ver
las botas y calcetines que en dicha festividad los niños
colocan junto a la chimenea, ni campanitas de Navidad, ni
coronas de acebo, ni Jesús para consolar, alegrar
y salvar. Salió por las calles y no encontró
iglesias con sus aspirales señalando hacia el cielo.
Volvió a casa, se sentó en su biblioteca,
pero todos los libros que hablaban del Maestro habían
desaparecido.
Sonó la campanilla de la puerta y un joven le dijo
que fuese a visitar a su pobre madre que estaba muriéndose.
Inmediatamente se fue con el hijo desconsolado para confrontar
a la madre, y al llegar a la casa se sentó a la cabecera
de la cama y dijo: “Tengo algo que podrá consolarla”.
Abrió su Biblia para buscar una promesa familiar,
pero ella terminaba en Malaquías y no había
ni Evangelio ni promesa de esperanza y salvación,
así que lo único que pudo hacer fue inclinar
su cabeza y llorar con ella con amargura y desesperación.
Dos días después,
se encontraba junto el ataúd de la mujer, conduciendo
su funeral, pero no había ningún mensaje de
consuelo, ni palabras referentes a la gloriosa resurrección,
ni un cielo abierto, sino solamente “polvo y polvo,
cenizas y cenizas, “y una larga y eterna despedida”.
Finalmente se dio cuenta que “El no había venido”
y comenzó a llorar amargamente en su sueño
pesaroso.
De repente despertó, y un gran grito de gozo y alabanza
salió de sus labios cuando oyó cantar al coro
de su iglesia que estaba junto a su casa:
“Venid, fieles
todos, alegres y triunfantes,
Venid, venid y marchemos a Belén
Y al Rey de los Angeles nacido veremos,
Venid, adoremos a Cristo el Señor.
Alegrémosnos
y gocémosnos hoy porque “El ha venido”.
Y recordemos la anunciación del ángel, “He
aquí, os traigo nuevas de gran gozo, que será
para todo el pueblo, que os ha nacido hoy, en la ciudad
de David, un Salvador, que no es Cristo el Señor.”
(Lucas 2:10,11)
Pidamos a Dios
que nos utilice para ayudar y extender Su reino entre aquellos
que viven en países paganos y carecen de un bendito
día de Navidades. “¡Id, comed carnes
gordas, y bebed vinos sabrosos y ENVIAD PORCIONES A AQUELLOS
PARA QUIENES NADIE HA HECHO PROVISION! (Nehemías
8:10. Versión Moderna)
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