¿Cómo comprender
que Dios a mi no me escucha o si lo hace, ignora mis
suplicas y a otros si les atiende?, ¿Cómo
aceptar sin sentirme mal que a mi no me conceda las
peticiones de mi corazón y a otros si?
Lo más difícil, para mi, es comprender
cómo es posible que diga Dios que me ama, y sin
embargo me deje sufrir aquí. Yo se que me he
equivocado, que caminé lejos de Dios, (pero eso
es parte del pasado), me arrepentí, me perdonó
y me restauró. He trabajado para Él, le
he servido, no lo entiendo, ¿que pasa?
No tengo ganas de orar, no quiero ir a ningún
centro de reunión, ¿para que?, si a mi
no me escucha para nada, lo que le he pedido no es algo
que vaya en contra de Su voluntad, no estoy pidiendo
algo que ofenda a Dios o afecte mi relación con
Él, sencillamente no lo entiendo.
Cuando alguien me dice “Confía en Dios”,
“Cristo de ama”, “tu recompensa esta
en la vida eterna”, etc., percibo tales frases
huecas y sin sentido.
“Respondió Jesús y le dijo: Lo que
yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás
después.” (Juan 13.7)
Si bien es cierto que no podemos comprender esto que
nos pasa, la verdad es que Dios Si nos escucha, Si nos
ama, y Si quiere lo mejor para nosotros, pero lo que
ahora no comprendemos, lo entenderemos después.
Uno de los errores mas comunes en el ejercicio de la
“fe” es el hecho de pensar que Dios nos
va a complacer siempre, es decir que a todo lo que pidamos
Dios va a decir que “SI”
“Pedís, y no recibís, porque pedís
mal, para gastar en vuestros deleites.” Santiago
4:3
Aunque no necesariamente estamos de acuerdo que nuestras
peticiones son “para gastar en nuestros deleites”,
el hecho es que no sabemos que será del futuro
y es seguro que Dios quien tiene cuidado de nosotros
sabe perfectamente que es lo nos conviene y que es lo
que no conviene, y en función a ello su respuesta
a nuestra petición es “Si” o “No”,
y en muchas ocasiones, es “Si, pero espera un
poco, aún no es el tiempo adecuado”, lo
que sucede es que nosotros “necesitamos”
la respuesta positiva en el momento que lo solicitamos.
Dios a veces nos dice “NO”; el apóstol
Pablo experimentó esto en carne propia “respecto
a lo cual tres veces he rogado al Señor, que
lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate
mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.
Por tanto, de buena gana me gloriaré más
bien en mis debilidades, para que repose sobre mí
el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me
gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades,
en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil,
entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:8-10).
Que difícil debió ser para él,
sin embargo que importante y valioso es la actitud que
tomó ante tal hecho, y es precisamente la actitud
que debemos vivir ante la negativa de Dios a nuestra
petición.
Pablo, quien fuera perseguidor de la iglesia de Cristo,
dejó todo eso atrás y se entregó
totalmente a servir a Dios. Y siendo el un varón
lleno de fe, y con una permanente comunión con
Dios, le fue negada una petición. ¿Qué
es lo que nos hace diferentes a Pablo?, ¿somos
mejores que él?, ¿podemos afirmar que
nuestra vida al igual que la de él, esta dedicada
100% a Dios?
A veces sentimos que “merecemos” que Dios
nos atienda tal y como esperamos que lo haga. Muchas
veces pensamos que Dios debe decirnos que “SI”
en reciprocidad a nuestro servicio a Él, a nuestra
“fidelidad” a nuestro “trabajo”
en Su obra, o al hecho que cada domingo somos fieles
asistiendo a la congregación cristiana y ofrendamos
y diezmamos, asi que pensamos “Dios me debe conceder
lo que le estoy pidiendo”.
He puesto delante de Dios, varias peticiones a lo largo
de mi vida, por supuesto al igual que tu, pronto olvido
todas aquellas en las que Dios me dio respuesta positiva
y concedió milagros portentosos; las que no puedo
olvidar, son todas aquellas que están sin respuesta
o las que ya me dijo “NO”, en las cuales
mi mente y corazón giran y giran tratando de
entender, ¿Por qué a mi me dices que NO
y a otros les dices que Si?.
¿Con que derecho le reclamo a Dios? ¿Después
que sin merecerlo Él me ha concedido la gracia
de ser hecho Su hijo y además de garantizarme
la vida eterna feliz, me ha colmado de ricas bendiciones
a lo largo de mi vida?
Una vez más concluyo que una de las más
grandes deficiencias que los cristianos tenemos es la
falta de fe. Aunque aseveramos creer en Dios, no le
creemos a Él, y de alguna manera es para nosotros
un Ser casi mítico, una ilusión, alguien
en quien queremos creer porque así conviene y
no le vemos como Dios verdadero y Todopoderoso que es
real, vive, nos ama y pese a nosotros mismo, sigue velando
por cada hijo suyo, aunque no lo entendamos.
Tengo muchos recuerdos de la fuerte disciplina que aplicó
mi madre en mi infancia y adolescencia temprana que
en aquellos días no comprendía, ¿Cómo
era posible que me castigara así, o me negara
esto o aquello, o me diera tal o cual tarea?, hoy, muchos
años después, no me canso de agradecerle
por todo aquello, pues he comprendido con los años,
que siempre procuró lo mejor para mi, y hoy veo
los frutos.
Dios es el Padre Perfecto, Él sabe mejor que
nosotros mismos, que es lo que más conviene a
nuestra vida, aunque ahora, no lo entendamos.
Te animo a hacer un recuento de las bendiciones que
has recibido de Dios a lo largo de tu vida, por favor
no desmayes ni pierdas la fe, para Dios sigues siendo
su especial tesoro y en su momento entenderás
que esto que hoy te duele, es lo mejor para ti y los
tuyos.
“Jesús le dijo: Si puedes creer, al que
cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del
muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.”
(Marcos 9:23-24)
Gustavo
Mata Flores
www.CrstianosUnidos.com