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    Mucho antes de que la gente soñara en cohetes y satélites, el profeta Isaías alentó a un rey con la promesa de que podría remontar sus problemas con alas como de águilas.



    Muchos han puesto atención en las palabras finales de Isaías 40:31 pero pocos comprendieron el contexto del fracaso del Rey Ezequías. Desde la caída de Adán en el Edén, el fracaso fue un factor significativo en nuestras vidas.

    El fracaso afecta a todos directa o indirectamente. Pero no todos aprenden a recuperarse de él. Afortunadamente, nuestro Creador habla del tema con autoridad y claridad. Durante siglos el concepto señalado a través de Isaías ha ayudado a restaurar corazones heridos, vidas destruidas y sueños fracasados.

    CONTEXTO HISTÓRICO
    El Rey Ezequías era uno de los líderes más sólidos de Judá. Asiria había derrotado a Israel y el imperio pagano estaba empeñado en destruir a la nación de Ezequías. En un acto de fe Exequias imploró al Señor por ayuda.

    La Biblia dice que el Todopoderoso respondió al pedido del rey enviando a un ángel que mató a 185.000 soldados asirios en un solo día (2 Reyes 19:35). Otro pasaje que muestra la fortaleza de la fe de Ezequías es cómo Dios lo libró de una enfermedad mortal y le dio por añadidura 15 años más de vida.

    Pero algo cambió en Ezequías. Cometió un error. Fracasó. Perdió su rumbo, parecía que claudicaría. La inmoralidad se propagaba sin control. La religión era objeto de burla. Los líderes políticos tomaban decisiones basadas en su codicia en vez de pensar en el pueblo.

    Una constante amenaza se cernía sobre Judá. Durante esta penosa situación Dios envió a Isaías con palabras de aliento diciendo al rey –y a todos los que habían fallado- que podrían experimentar nuevamente la poderosa presencia de Dios.

    ESCALAR UNA MONTAÑA
    En Isaías 40:9 se exhorta a subir a una alta montaña. Quizá su fracaso sea tan doloroso que ya no espera escuchar buenas noticias.

    Sin embargo, una respuesta se proclama desde la montaña: “Aquí está su Dios” (Isaías 40:9). Isaías recuerda a los hijos de Dios que nuestro Padre celestial es una ayuda siempre presente en los momentos de crisis, pero que debemos buscar su provisión.

    No importa cuán difícil sea un juicio, siempre tenemos la buena noticia de que Dios está cerca. Esta exhortación a subir a la montaña implica acción. No hay toma de ganancia si sólo nos lamentamos.

    Subir a una montaña significa cambiar nuestra posición: es un acto simbólico de romper con la rutina que nos condujo a circunstancias desfavorables. Con un cambio de postura ganaremos y mejoraremos nuestra perspectiva.

    Al estar inmersos en un problema perdemos nuestra objetividad, por ello la vista desde un lugar elevado restaura una perspectiva clara. Otro beneficio es experimentar la presencia de Dios. El Salmo 121:1 dice: “A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda?” Luchemos contra la tendencia de alejarnos de los cultos cuando atravesamos dificultades.

    Resistamos la tentación de quedarnos en casa en vez de asistir a la reunión de estudio bíblico o de alabanza. Debemos subir a una montaña, ir a la iglesia, cantar canciones de fe y experimentar el poder terapéutico de la presencia de Dios.

    VERBALICE LA VICTORIA.
    Una segunda estrategia revelada en Isaías 40.9 es el mandamiento “¡alza con fuerza tu voz!”. Para sobreponernos al fracaso debemos cambiar nuestro vocabulario. Las palabras son herramientas poderosas que pueden construir o destruir un espíritu.

    El cristianismo es una fe confesional. Los creyentes son instruidos a confesar sus pecados, reclamar promesas, pedir en fe y cantar alabanzas a Dios. Santiago 3 nos da varias metáforas para ilustrar el poder de la lengua.

    Como el timón de un barco, el freno para la boca de los caballos o una chispa capaz de desatar un fuego, nuestro discurso tiene el poder de controlar conductas y afectar vidas.

    Las palabras tienen el poder de cambiar cómo nos sentimos. Para elevar la voz con potencia hay que aceptar el desafío de aceptar las promesas de Dios, aún cuando no queramos hacerlo.

    Debemos cantar alabanzas cuando nos sentimos derrotados.

    Debemos obedecer incluso cuando somos tentados a seguir nuestros propios deseos.

    - Cuando estamos tentados a decir “No puedo” nuestra respuesta debe ser “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13)

    - En lugar de decir: “Tengo miedo”, decir: “Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7)

    - Jamás decir “Es imposible”, sino decir “Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios” Lucas 18:27)

    - Cuando estemos tentados a decir “Renuncio”, decir “Los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas: correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán” (Isaías 40.31)

    MIRAR AL CIELO
    No sólo debemos elevar nuestras voces, sino que en Isaías 40:26 se nos dice: “Alcen los ojos y miren a los cielos ¿Quién ha creado todo esto? El que ordena la multitud de estrellas una por una, y llama a cada una por su nombre”. Tenemos tendencia a enfocarnos exclusivamente en nosotros mismos cuando atravesamos tiempos difíciles.

    Isaías nos recuerda que Dios tiene el control de todo, por tanto también puede manejar nuestros problemas.

    CONFIAR EN DIOS
    Otros principios para sobreponerse a los fracasos se hallan en el versículo final de Isaías 40: “Ten esperanza en el Señor”, “Confía en el Señor”. Pocos asocian el sentido de esperar con un acto de fe confiada, sino que lo ven como una actividad irritante que frena nuestros progresos.

    Esperar implica una paciente confianza, incluso cuando las dificultades atacan. En las batallas que libramos no siempre apelamos a la ayuda de Dios. Su fuerza está disponible, pero debemos pedírsela. Jesús dijo: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Mateo 7:7). La promesa contenida en Isaías 40:31 es una invitación a confiar en el poder de Dios, no en nuestra fuerza.

    ELEVARSE CON LOS SANTOS
    El uso de pronombres en plural en Isaías 40:31 revela la clave para liberarse de la esclavitud del fracaso. Dios creó a los seres humanos como seres relacionables. Necesitamos de otros para triunfar en la vida.

    Volar, correr y caminar se describen en Isaías como actividades corporativas. Pensemos en lo que se nos dice en Eclesiastés 4.9-10: “Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante!”

    CONCLUSIÓN
    Ayudar a otros a cumplir sus sueños es gratificante pues todos hemos tenido batallas y fracasos. A pesar de tus fracasos, Dios tiene un plan para tu vida. Cálzate las botas de escalar, templa tu voz y limpia tus ojos. Confía en la Gracia de Dios y no olvides de traer a un amigo. ¡Es tiempo de volar!

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