Este sentimiento de abandono es a menudo peor que la propia adversidad. Ten la seguridad que yo nunca abandono a ninguno de mis hijos ni siquiera temporalmente.
Yo te hablo quedamente en las profundidades de tu ser. Como una lanzadera, tu mente va y viene, de aquí para allá y de allá para acá tejiendo redes de ansiosa confusión