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Bosquejos para Predicar

El Camino de Caín

El Camino de Caín
Los caminos ancho y estrecho pueden ser distinguidos como el camino de Caín y el camino de Cristo. Lo mejor que podemos hacer es tomar el camino de Dios.
📖 Texto Bíblico: Judas 1:16

"¡Ay de ellos!, porque han seguido el camino de Caín" (Jud. 11).

La gracia no corre por la sangre, por lo que se habla del camino de Caín como opuesto al camino de Dios.

Los caminos ancho y estrecho pueden ser distinguidos como el camino de Caín y el camino de Cristo.

"Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová."

El camino de Caín es:

I. El camino de la mera opinión humana.

Él ofreció las primicias, lo mejor que tenía, como expiación por su alma.

"Bien", dice el moderno cainita, "si uno pone lo mejor de su parte, ¿qué puede hacer mejor?

Lo mejor que podemos hacer es tomar el camino de Dios.

Caín rehusó acudir a Dios como pecador.

Por la fe ofreció Abel a Dios un mejor sacrificio.

II. El camino de la ignorancia voluntariosa.

Caín debe haber sabido, por el hecho de que había nacido fuera de Edén, y por el ejemplo de su padre y madre, que era pecador a los ojos de Dios.

Las mismas túnicas de pieles que les habían sido dadas por Dios revelaban la necesidad de una expiación que los cubriera.

Pero esto él, como muchos en nuestro tiempo, "lo ignoraba voluntariamente".

Dios no puede aceptar nuestra ofrenda de acción de gracias en tanto que rehusemos reconocer su ofrenda por el pecado (Jn. 1:29).

III. El camino hacia un total rechazamiento.

"No miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya" (Gn. 4:5).

El espíritu de Caín era inaceptable, así como su ofrenda.

La ofrenda y el ofrendante o se mantienen juntos, o juntos caen.

Nosotros somos aceptados en el amado.

Mediante una ofrenda Él hizo perfectos para siempre a los santificados.

Jesús dice: "Yo soy el Camino (...) nadie viene al Padre, sino por medio de Mí".

IV. El camino de una soberbia tenaz.

"Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante" (Gn. 4:5).

Aunque sabía que el camino por el que había acudido a Dios era de su propia elección, y que no le agradaba a Él, no hay deseo de arrepentimiento ni buena disposición a confesar su pecado y a abandonar su camino.

Abel había encontrado su ofrenda a la puerta, entre los rebaños.

También a la puerta de Caín había una ofrenda por el pecado, esperando su aceptación y lista para su uso, pero no quería.

La predicación de Cristo, y de Cristo crucificado, es poner la ofrenda por el pecado señalada por Dios a la puerta de cada pecador que oye el evangelio.

Si no haces bien, esta ofrenda por el pecado es para ti (Gn. 4:7).

V. El camino de odio manifiesto.

"Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató", porque sus propias obras eran malas y las de su hermano eran buenas (1 Jn. 3:12).

El pecado, cuando es consumado, da a luz la muerte.

La pendencia entre el bien y el mal es antigua.

Rechazar la ofrenda de Cristo por el pecado es tomar el puesto de un asesino.

El que odia a su hermano es homicida.

El primer homicidio fue cometido por un hombre que negaba la doctrina de la sustitución y la necesidad de la expiación.

VI. El camino de la condenación divina.

"Ahora, pues, maldito seas tú" (Gn. 4:11).

"El que no cree ya ha sido condenado."

¿Dónde puede ocultarse el hombre que ha huido del único refugio bajo el cielo para el pecador, la ofrenda por el pecado, el Cordero de Dios?

La culpa del no perdonado clama a Dios como la sangre de Abel.

El pecado siempre clama a Dios por venganza, pero Cristo, nuestra ofrenda por el pecado, respondió a este terrible clamor mediante el sacrificio de Sí mismo (1 P. 2:24).

VII. El camino de la desesperanza irremediable.

Caín dijo: "Grande es mi iniquidad para ser de perdonar" (Gn. 4:13, margen).

"Salió... de delante de Jehová" (v. 16).

Todos los que rechazan la ofrenda por el pecado están condenados a salir para siempre de la presencia del Señor y de la gloria de su poder (2 Co. 1:9).

La culpa de Caín comenzó al adoptar su propio camino, y quedó agravada por su rechazo a arrepentirse cuando se le dio luz.

Queda ahora confirmado en su incredulidad y fijado en su condenación.

"¡Ay de ellos!, porque han seguido el camino de Caín" (compárese Is. 1:18).