No nos es necesario imaginar al profeta trepando a la cumbre de alguna colina para lograr esta visión, sino que en su propio corazón adoptaría la actitud de estar atalayando y esperando el mensaje de Dios.
El mensaje dado puede ser fácilmente aplicado a los tiempos presentes, por cuanto toda la Escritura es dada por inspiración de Dios, y es útil para enseñanza, para reprensión (2 Ti. 3:16). Este mensaje es dado principalmente para reprensión e instrucción en justicia. Aquí tenemos:
I. Palabras de advertencia. Expresadas en cinco solemnes "ayes"
1. AY DEL DESHONESTO. "¡Ay del que acaparó lo que no era suyo!" (v. 6). Esto se aplica al amo sin escrúpulos, al siervo deshonesto, al avaro carente de compasión, y a todos los hipócritas religiosos, que pretenden aquello que no es de ellos.
2. AY DEL CODICIOSO. "Ay del que codicia... para poner en alto su nido" (v. 9). Ésta es la codicia para exhibirse y engrandecerse socialmente. Aunque los tales puede que nunca logren lo que su vanidad anhela, su pecado reside en su codicioso espíritu.
Algunos pueden incluso codiciar los dones y poder de un hermano cristiano; no para poder dar más honra a Dios, sino para poder ellos alcanzar más honra de parte de los hombres. Cuidado con este mal. "Antes de la caída es la soberbia".
Es legítimo y sabio "anhelar los mejores dones" (1 Co. 12:31), de la manera en que un obrero sabio pudiera anhelar los mejores instrumentos, para poder hacer tanto mejor su obra para su amo.
3. AY DEL OPRESOR. "¡Ay del que edifica la ciudad con sangre, y del que funda una ciudad con iniquidad!" (v. 12). Gracias a Dios, la vieja esclavitud ha quedado abolida cuando, de todas maneras, hombres crueles edificaron fortunas sobre la sangre de otros, y establecieron su fortaleza con iniquidad.
Cada nación, cada causa edificada sobre esta política, será ciertamente azotada con el ¡Ay! del Altísimo, como lo atestigua toda historia pasada. Los pasos de cada industria y de cada vida individual edificada mediante iniquidad irán seguidos por el inerrante y abrumador Ay de Dios. "Sabed que vuestro pecado os hallará" (Nm. 32:23, margen).4. AY DEL ENGAÑADOR. "¡Ay del que hace beber a su prójimo,... para mirar su desnudez" (v. 15). Este intento de drogar a un semejante, para poderse aprovechar uno de él, es una especie de engaño que tiene muchos practicantes en nuestro propio día.
No solo al dar de beber a los hombres para que puedan reírse de su insensatez, sino al dar tal enseñanza que entorpece y trae tal torpidez e insensibilidad sobre la mente que las cosas preciosas del Evangelio de Dios dejan de tener un valor vital. Y todo ello para que puedan ser clasificados como seguidores con nosotros.
5. AY DEL IDÓLATRA. "¡Ay del que dice al leño: Despiértate; y a la piedra muda: Levántate!" (v. 19). Nos dan pena los pobres paganos, que se inclinan a la obra de sus propias manos y que adoran las invenciones de sus propios corazones.
¿Acaso son mejores los que adoran la moda, la ficción, el deporte o sus intereses puramente egoístas? Todo lo que tome el lugar de Dios en nuestros pensamientos y vidas es nuestro ídolo mudo en el día de nuestra verdadera necesidad.
II. Palabras de aliento. Aquí tenemos una resplandeciente estrella que brilla en un cielo oscurecido. Es la Estrella Matutina de la promesa que anuncia el nuevo día de bendición universal. "Pero la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas que cubren el mar" (v. 14; ver también Is. 11:9).
Cuando nuestro Señor venga otra vez en poder y gran gloria, cuando todo ojo le verá, y todos le conocerán, desde el menor al mayor, entonces se cumplirá la promesa dada en su nacimiento: "Éste será grande y será llamado Hijo del Altísimo.
El Señor Dios le dará el trono de su padre David, y reinará sobre la casa de Jacob para siempre; y su reino no tendrá fin" (Lc. 1:30-33). Alégrate. Tan cierto como el Redentor del mundo ha venido, así aparecerá el Regio Libertador del mundo, cuando todo poder le será dado en la tierra, y cuando los reinos de este mundo vendrán a ser el Reino de nuestro Dios y de su Ungido.
El versículo final de esta parte de la profecía nos da otra declaración aseguradora de paz. "Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra". ¡Qué solemne y santa llamada al silencio, cuando toda la tierra calla delante de ÉL.
El fragor de la batalla, la guerra del tráfico, la pendencia de las lenguas, el clamor del escepticismo: toda nota discordante para sus oídos será silenciada. Paz en la tierra, buena voluntad entre los hombres, y gloria a Dios.