En cierto sentido, eso es lo mejor que el pastor puede hacer por su congregación. Algunos de los feligreses que asisten al culto lo hacen llenos de desesperación y de muchas otras necesidades, pero lo que más necesitan es la esperanza.
Una de las armas del ministro del evangelio es la esperanza. Las buenas nuevas que proclama al desesperado y al frustrado son de esperanza en un mundo de caos y confusión.
Al jubilarse cierto fabricante de cosméticos, se le pidió que revelara el secreto de su éxito. Al principio rehusó; sin embargo, al festejar el cumplimiento de sus setenta y cinco años de edad, después de un poco de insistencia, decidió compartirlo.
Dijo: “Además de las fórmulas usadas por otros consultores de belleza, usé un ingrediente mágico: nunca les prometí a las mujeres que mis cosméticos las harían hermosas, sólo les di esperanza”.
Cuando el evangelista Billy Graham visitó a Sir Winston Churchill, el gran estadista le preguntó: “¿Tiene usted esperanza?”
Nuestras congregaciones nos hacen la misma pregunta cada vez que estamos frente a ellas. Cuando tengamos el privilegio de hablarles, inspiremos en ellas esperanza.
Prediquémosles acerca de Cristo, la redención, la reconciliación y la renovación espiritual. Que nuestras palabras sean de vida, de esperanza y de paz.