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Ilustraciones sobre Integridad

Una Pesca de por Vida

La verdadera recompensa de hacer lo correcto no es el beneficio inmediato que perdemos, sino la paz mental y el ejemplo eterno que dejamos a las generaciones futuras.
Cuando su caña de pescar se dobló, supo que había algo grande en el otro extremo. El padre observó con admiración la habilidad del muchacho para acercar el pez al muelle.
Las lecciones de moral que más duran son aquellas que recibimos, no de los libros, sino de la experiencia. - Mark Twain

Tenía once años y cada vez que podía iba a pescar al muelle de la cabaña de su familia, que estaba en una isla en uno de los lagos de New Hampshire.

Un día antes de que empezara la temporada de robalo, él y su padre fueron a pescar, al anochecer, para atrapar con lombrices peces luna y percas. Él ató un señuelo plateado para practicar el lanzamiento. La carnada golpeó el agua y produjo, a la luz del ocaso, ondas de colores y después ondas plateadas conforme la luna ascendía sobre el lago.

Cuando su caña de pescar se dobló, supo que había algo grande en el otro extremo. El padre observó con admiración la habilidad del muchacho para acercar el pez al muelle.

Por fin, con mucha cautela, sacó del agua al exhausto animal. Era el pez más grande que jamás había visto, pero era un robalo. El muchacho y su padre observaron el hermoso animal, que agitaba las agallas a la luz de la luna. El padre encendió un fósforo y miró el reloj. Eran las 10:00 p.m., dos horas antes de que abriera la temporada.

Miró al pez y luego al hijo.

—Lo tienes que regresar, hijo —manifestó.
—¡Papá! —gritó el muchacho.
—Habrá otro pez —insistió el padre.
—Pero no tan grande como este —replicó el muchacho.

Miró sobre el lago. Bajo la luz de la luna no se veían pescadores ni botes en los alrededores. Miró de nuevo al padre.

Aunque nadie los había visto y nadie sabría a qué hora había pescado al pez, el muchacho supo por la claridad de la voz de su padre que la decisión no era negociable. Lentamente zafó el gancho del labio del enorme robalo y lo regresó al agua oscura.

El animal sacudió el poderoso cuerpo y desapareció en el agua. El muchacho imaginó que jamás volvería a ver un pez tan grande.

Eso fue hace treinta y cuatro años. En la actualidad ese niño es un arquitecto renombrado de la ciudad de Nueva York. La cabaña de su padre sigue ahí, en la isla del lago, y este hombre lleva a sus propios hijos a pescar desde el mismo muelle.

Y tuvo razón. Jamás volvió a atrapar un pez tan maravilloso como el que devolvió aquella noche tiempo atrás. Pero ve a ese mismo robalo, una y otra vez, siempre que se enfrenta con una cuestión de ética.

Como le enseñó su padre, la ética sólo es cuestión del bien o el mal. Es la práctica de la ética lo que resulta difícil. ¿Hacemos lo correcto cuando nadie nos ve? ¿Nos rehusamos a hacer un trabajo de mala calidad para entregar el diseño a tiempo? ¿Nos rehusamos a negociar mercancía basándonos en información que sabemos que se supone que no deberíamos tener?

Lo hacemos si de niños se nos enseñó a regresar al pez. Porque entonces aprendimos la verdad.

La decisión de hacer lo correcto queda fresca y fragante en nuestra memoria. Es un relato que narraremos con orgullo a nuestros amigos y nietos.

No platicaremos de cómo tuvimos la oportunidad de evadir al sistema y la aprovechamos, sino de cómo hicimos lo correcto y salimos fortalecidos para siempre.

Moraleja
La integridad no es lo que hacemos cuando alguien nos observa, sino lo que hacemos cuando estamos solos. Las reglas y los principios no pierden su valor por la falta de testigos; al contrario, es en la privacidad donde verdaderamente se forja el carácter. La verdadera recompensa de hacer lo correcto no es el beneficio inmediato que perdemos, sino la paz mental y el ejemplo eterno que dejamos a las generaciones futuras.

Proverbios 10:9
"El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado." ../biblia/proverbios-10-9

Este relato ilustra el concepto bíblico de la integridad. La tentación de quedarse con el pez es enorme, y las consecuencias de devolverlo parecen nulas. Sin embargo, su padre le recuerda que la ley no depende de la mirada humana, sino de un principio moral establecido.

James P. Lenfestey
Referido por Diana Von Holdt