El momento allí evocado es aquel en que el discípulo extendió su mano hacia Jesús y gritó: “¡Señor, sálvame!” (Mateo 14.30). Parece evidente que esa obra de arte está allí para que los marinos tengan en cuenta que en los naufragios y en otras crisis de la vida es necesario clamar a Dios y confiar en él.
Hemos leído que, durante la Segunda Guerra Mundial y en otros episodios bélicos mucho más recientes, hubo numerosos cristianos que oraron a bordo de sus naves cuando la situación era desesperante y pusieron su esperanza en el Supremo Hacedor.
Tal vez algunos de ellos recordaron entonces la escena representada en la Capilla de la Academia Naval.