Viajaba libremente por su tierra de incognito haciendo amistad con la gente común, observando sus dificultades y sus obstáculos, y simpatizando con ellas en sus tristezas.
Cuando volvía a su trono podía gobernar en una forma más competente a su pueblo, y con una compasión y misericordia paternales.
En igual forma Dios vino a la tierra en la persona de Cristo, como ser humano, para que él nos pudiera comprender mejor y suplir nuestras necesidades como seres humanos.