Invertir en la eternidad: el llamado a ser seguidores de Cristo
En esta predicación el Dr. Stanley nos recuerda que, la única manera de invertir en la eternidad es invirtiendo en las personas. No hay otra forma. El dinero se queda, los edificios se caen, los proyectos se olvidan, pero una vida tocada por el evangelio permanece para siempre. Por eso el enfoque de todo creyente debería estar puesto en las personas, porque son lo único que vamos a llevarnos al cielo.
Todo el que tiene a Cristo como su Salvador se convierte en seguidor suyo. No se trata solo de ir a la iglesia o de leer la Biblia, orar y ofrendar, aunque implica todo eso. Se trata de convertirse en un seguidor de Jesucristo, y eso es algo mucho más profundo.
Ser seguidor implica acción, algo sucede. Quiere decir que en todo lo que Él dijo y ordenó, yo participaré. Como seguidor, me convierto en una extensión de su vida. No soy un espectador del evangelio, soy un participante activo del mismo. Jesús vive en nosotros en la persona del Espíritu Santo. La vida cristiana no es para estar inactivos; es una vida de acción, es una vida de ser, es una vida de hacer, es una vida de cambios, indiscutiblemente eterna en sus efectos, consecuencias y galardones.
Si decimos que hemos creído en Cristo como su Salvador, ¿qué resultado ha tenido eso en nuestra vida? Es tanto cosa de ser como de hacer. No basta con decir que creemos; la fe genuina siempre produce fruto. Como dice Santiago 2:17: "Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma" (Santiago 2:17).
El mandamiento de Jesús: la Gran Comisión
En su palabra podemos leer su mandamiento en Mateo 28:16-20, conocido como "La Gran Comisión":
"Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén" (Mateo 28:16-20).
El mandato de Jesús es claro: es hacer discípulos. No dice "hagan creyentes" o "hagan miembros de iglesia", dice hagan discípulos. ¿Qué es un discípulo? El que recibe a Cristo como su salvador personal y anda en obediencia a Él. Un discípulo no es alguien que simplemente escucha, sino alguien que sigue, que aprende, que obedece, que se deja transformar.
Nuestro papel: compartir el evangelio
Usted y yo debemos explicar el evangelio, compartir el evangelio con otras personas. Debemos decirles quién es Cristo, decirles lo que Él ha hecho en nosotros, anunciarles el mensaje más precioso del mundo. No podemos quedarnos callados cuando tenemos la respuesta a la necesidad más grande del ser humano.
A veces pensamos que la tarea de evangelizar es para los pastores, para los misioneros, para los que tienen un don especial. Pero la Gran Comisión no fue dada solo a los once discípulos; fue dada a todos los que creen en Él. Como dice Hechos 1:8: "Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hechos 1:8).
Lo que nos dice esto: "Quiero que tú tengas impacto en otras personas, porque con eso tú tendrás un impacto eterno en todos ellos. Quiero que inviertas tu tiempo, tus talentos, tus actitudes y tu dinero en la vida de otras personas".
Una vida que invierte en lo eterno
Esa es la clave. No se trata de acumular, se trata de invertir. No se trata de guardar, se trata de dar. No se trata de vivir para uno mismo, se trata de vivir para los demás. Porque al final, lo único que habrá valido la pena será lo que hayamos invertido en la vida de otras personas.
Pablo lo expresó así en Gálatas 6:9: "No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos" (Gálatas 6:9). La cosecha vendrá, pero primero viene la siembra. Y la siembra más valiosa que podemos hacer es sembrar en la vida de las personas.
Cuando inviertes en alguien, estás depositando en la eternidad. Estás tocando algo que trasciende el tiempo. Estás siendo parte de lo que Dios está haciendo en el mundo. Y eso, querido hermano, eso es lo que realmente importa.
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