Uno de los hábitos de Jesús era la oración, oraba muchas veces y el amaba orar, Marcos 1:35 “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.
17 Orad sin cesar.
Los Hábitos de Oración de Jesús: Un Modelo para Nuestra Vida
Lucas 4:40-42 nos presenta una escena poderosa del ministerio de Jesús: "Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades los traían a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. También salían demonios de muchos, dando voces y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Pero él los reprendía y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo."
Este pasaje nos muestra a un Jesús compasivo, poderoso y dedicado a la obra del Padre. Pero detrás de esta escena pública hay algo más profundo: los hábitos de oración de Jesús. Un hábito es algo que alguien hace regularmente y se transforma en un acto involuntario. Usted lo hace tantas veces que no tiene que tomar una decisión mental para cada vez que lo haga. Así era la vida de oración de Jesús: un hábito constante, disciplinado y amoroso.
El Hábito de Jesús: Ir a la Sinagoga y Orar
El hábito de Jesús era ir a la sinagoga, su hábito era de ir a la iglesia, su hábito era el de orar. Oraba muchas veces y amaba orar. Leemos en Marcos 1:35: "Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba" (Marcos 1:35). Este versículo nos revela que Jesús no oraba por obligación, sino por convicción. Se levantaba antes del amanecer, buscaba un lugar solitario y se entregaba a la comunión con su Padre. Su oración no era un ritual vacío, sino una necesidad vital.
En los evangelios hay muchas veces que hacen referencia a Jesús orando. Mateo lo menciona como tres veces, Juan y Marcos unas tres o cuatro, pero Lucas menciona 11 veces que Jesús oraba sobre sus rodillas. La razón por ello es que Mateo escribía a la nación judía, y presentaba al Mesías o al Rey de Israel. Marcos hablaba del Siervo de Dios que vino voluntariamente al mundo. Juan hablaba del Hijo de Dios quien había venido del cielo en una misión divina para cumplir su misión y que luego volvió a su Padre.
Pero Lucas nos habla del Jesús humano, del Hijo del Hombre, el que se hizo hombre como nosotros. Lucas menciona varias veces más sobre la oración en la vida de Jesús que los otros evangelios, porque él está hablando del hecho de que Jesús se hizo uno como nosotros, y en esa condición, él necesitaba orar.
Jesús, siendo Dios, se despojó de su gloria y tomó forma de siervo. Como dice Filipenses 2:6-7: "El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres" (Filipenses 2:6-7). En su humanidad, Jesús dependía completamente del Padre. Su oración no era un lujo, sino una necesidad. Si el Hijo de Dios necesitaba orar, ¿cuánto más nosotros?
Jesús oraba antes de tomar decisiones importantes. Lucas 6:12-13 nos dice: "En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles" (Lucas 6:12-13). Antes de elegir a sus discípulos, Jesús pasó toda la noche en oración. Si él, siendo perfecto, buscaba la dirección del Padre, nosotros debemos hacer lo mismo.
En Lucas 4:42, después de una noche de sanidades y liberaciones, Jesús se retira a un lugar desierto. La multitud lo buscaba, pero él dijo: "Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado" (Lucas 4:43). Jesús no permitió que la urgencia de la actividad eclipsara la importancia de la oración. Su comunión con el Padre era la fuente de su poder y dirección.
La oración era el hábito que sostenía todos los demás hábitos de Jesús. Sin oración, no habría sanidades, no habría enseñanza, no habría milagros. La oración era el fundamento de su ministerio. Si queremos imitar a Jesús, debemos cultivar el mismo hábito. No se trata de orar solo cuando tenemos necesidad, sino de hacer de la oración una disciplina diaria, un encuentro íntimo con Dios.
Hoy más que nunca, necesitamos recuperar el hábito de la oración. Vivimos en un mundo lleno de distracciones, ruido y prisas. Pero Jesús nos enseña que la oración no es una opción, sino una necesidad. Como dice 1 Tesalonicenses 5:17: "Orad sin cesar" (1 Tesalonicenses 5:17). No se trata de estar de rodillas todo el día, sino de vivir en una actitud constante de dependencia de Dios.
Pero Lucas nos habla del Jesús humano, del Hijo del Hombre, el que se hizo hombre como nosotros. Lucas menciona varias veces más sobre la oración en la vida de Jesús que los otros evangelios, porque él está hablando del hecho de que Jesús se hizo uno como nosotros, y en esa condición, él necesitaba orar.
La Necesidad de la Oración en la Vida de Jesús
Jesús, siendo Dios, se despojó de su gloria y tomó forma de siervo. Como dice Filipenses 2:6-7: "El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres" (Filipenses 2:6-7). En su humanidad, Jesús dependía completamente del Padre. Su oración no era un lujo, sino una necesidad. Si el Hijo de Dios necesitaba orar, ¿cuánto más nosotros?
Jesús oraba antes de tomar decisiones importantes. Lucas 6:12-13 nos dice: "En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles" (Lucas 6:12-13). Antes de elegir a sus discípulos, Jesús pasó toda la noche en oración. Si él, siendo perfecto, buscaba la dirección del Padre, nosotros debemos hacer lo mismo.
La Oración Como Prioridad Antes Que la Actividad
En Lucas 4:42, después de una noche de sanidades y liberaciones, Jesús se retira a un lugar desierto. La multitud lo buscaba, pero él dijo: "Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado" (Lucas 4:43). Jesús no permitió que la urgencia de la actividad eclipsara la importancia de la oración. Su comunión con el Padre era la fuente de su poder y dirección.
La oración era el hábito que sostenía todos los demás hábitos de Jesús. Sin oración, no habría sanidades, no habría enseñanza, no habría milagros. La oración era el fundamento de su ministerio. Si queremos imitar a Jesús, debemos cultivar el mismo hábito. No se trata de orar solo cuando tenemos necesidad, sino de hacer de la oración una disciplina diaria, un encuentro íntimo con Dios.
Un Llamado a Cultivar el Hábito de la Oración
Hoy más que nunca, necesitamos recuperar el hábito de la oración. Vivimos en un mundo lleno de distracciones, ruido y prisas. Pero Jesús nos enseña que la oración no es una opción, sino una necesidad. Como dice 1 Tesalonicenses 5:17: "Orad sin cesar" (1 Tesalonicenses 5:17). No se trata de estar de rodillas todo el día, sino de vivir en una actitud constante de dependencia de Dios.
Jesús nos enseña que la oración no es una opción, sino una necesidad. Como dice 1 Tesalonicenses 5:17: "Orad sin cesar"