La segunda oportunidad de Pedro
Hay palabras que parecen sencillas, pero que involucran renunciamientos importantes. Una de ellas es la palabra que Jesús utilizó para irrumpir en la vida de aquellos hombres: “Sígueme”.
Jesús pronunció estas palabras a lo largo de su ministerio. Llamó a hombres comunes, pescadores, personas que tenían sus ocupaciones, sus proyectos y sus propias historias. Entre ellos estaban Pedro y Andrés, su hermano, y Juan y Jacobo, hijos de Zebedeo.
Aquel llamado significaba mucho más que caminar detrás de Jesús. Significaba abandonar la seguridad de lo conocido para comenzar una vida nueva junto al Maestro.
Pedro respondió inmediatamente. Dejó las redes y lo siguió.
¡Qué emocionante habrá sido seguir a Jesús durante aquellos días en los que caminaba por Capernaum, sanaba enfermos, hacía milagros y hasta resucitaba muertos! ¿Quién no hubiera querido formar parte de aquel grupo que caminaba junto al Maestro?
Pedro estuvo allí durante los días de preparación, durante el tiempo de popularidad y también cuando las multitudes se acercaban para escuchar a Jesús.
1. Cuando los pasos de Jesús se dirigen al Calvario
Llegó el momento en que Jesús comenzó a caminar hacia la cruz. Y allí descubrimos otra dimensión del discipulado.
Pedro, que había prometido que jamás abandonaría a su Señor, comenzó a mostrar sus debilidades. En Getsemaní se quedó dormido cuando Jesús le pidió que velara con él. Más tarde, en el patio donde interrogaban al Maestro, negó conocerlo tres veces.
Aquel hombre que había dicho: «Aunque todos te abandonen, yo no lo haré», terminó negándolo.
¡Qué contradicción! Había caminado con Jesús, había visto sus milagros, había escuchado sus enseñanzas y, sin embargo, llegó el momento en que el temor pudo más que su compromiso.
Pedro se alejó.
Juan, en cambio, aparece junto a la cruz. Y cuando Jesús fue sepultado, las Escrituras destacan la presencia de José de Arimatea, Nicodemo y algunas mujeres.
Pedro había desaparecido de la escena. ¿Dónde estaba aquel hombre que había prometido fidelidad hasta la muerte? Estaba llorando amargamente por su fracaso.
2. Jesús no había terminado con Pedro
Aquí comienza una de las historias más hermosas de la gracia de Dios. Pedro había fallado, pero Jesús no había renunciado a él.
Después de resucitar, el Señor envió un mensaje por medio de las mujeres. Marcos registra estas palabras: «Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro…» (Marcos 16:7, RVR1960).
¡Qué maravilloso detalle! Y a Pedro. Como si el cielo quisiera asegurarse de que aquel discípulo herido no pensara que había quedado excluido.
Jesús no negó lo que Pedro había hecho, pero tampoco permitió que su fracaso fuera la última palabra sobre su vida. Pedro había negado al Maestro, pero el Maestro todavía quería encontrarse con Pedro.
El fracaso de Pedro no había cancelado el propósito de Jesús.
Y esta es una noticia maravillosa para todos nosotros. Porque hay momentos en los que caminamos muy cerca del Señor mientras todo parece ir bien. Lo seguimos cuando hay respuestas, cuando vemos milagros, cuando las puertas se abren y cuando la vida parece tener sentido.
Pero ¿qué sucede cuando sus pasos se dirigen al Calvario? ¿Qué hacemos cuando llegan el dolor, la confusión, las pérdidas y las preguntas sin respuesta? Muchas veces, como Pedro, nos alejamos.
Yo también puedo mirar mi propia vida y reconocer que he vivido momentos maravillosos caminando con Jesús. Sin embargo, cuando el camino se vuelve difícil y no comprendo lo que está sucediendo, descubro cuánto necesito de su gracia.
¡Qué bueno es saber que el Señor todavía llama a los que han fallado!
3. El Maestro vuelve a decir: «Sígueme»
En Juan 21 encontramos a Pedro frente a una nueva oportunidad.
Jesús había resucitado y compartió un desayuno con sus discípulos junto al mar de Tiberias. Después de aquel encuentro, habló con Pedro, le preguntó tres veces si lo amaba y le encomendó cuidar de sus ovejas.
Entonces, al hablarle de su futuro, Jesús volvió a pronunciar aquellas palabras: «Sígueme» (Juan 21:19, RVR1960).
¡Eran las mismas palabras! El mismo Maestro. El mismo Pedro. Pero ahora había una historia de fracaso entre aquel primer llamado y este nuevo encuentro.
La primera vez, Pedro había dejado sus redes para seguir a Jesús. Después vinieron las promesas, los milagros, el temor, las negaciones y las lágrimas. Ahora Jesús volvía a llamarlo.
No le estaba diciendo que su negación no había importado. Le estaba mostrando que su historia todavía podía continuar bajo la gracia de Dios.
La tradición cristiana sostiene que Pedro murió crucificado en Roma y que pidió ser crucificado cabeza abajo. Aunque este detalle pertenece a la tradición y no está narrado en el Nuevo Testamento, su historia quedó asociada a una vida entregada al servicio de Cristo.
Aquel que una vez retrocedió frente al temor llegó a ser un testigo valiente del Señor. ¡Qué poderoso es Dios para restaurar una vida!
4. Tengo un mensaje para vos
Tal vez hoy estás viviendo tu propio momento de amargura.
Quizás alguna vez prometiste que nunca abandonarías al Señor, pero las circunstancias te vencieron. Tal vez comenzaste con entusiasmo, serviste con alegría y caminaste durante mucho tiempo junto a Jesús, pero algo sucedió. Una decepción, una caída, una herida o una temporada de confusión te llevó a alejarte.
Y ahora pensás que ya no hay lugar para vos.
Pero hoy quiero recordarte aquel mensaje: «Id, decid a sus discípulos, y a Pedro…». Y también quiero llevarte a escuchar las palabras que Jesús pronunció junto al mar: «Sígueme».
No permitas que tu peor momento se convierta en la definición de toda tu vida. No confundas haber fallado con haber perdido para siempre tu propósito.
La gracia de Dios no nos invita a permanecer en el pecado ni a ignorar nuestras responsabilidades. Nos llama al arrepentimiento, a la restauración y a una nueva obediencia.
Jesús sigue llamando a quienes están dispuestos a volver a caminar con Él.
Pedro, ¿dónde estás? ¿Estás llorando por lo que hiciste? ¿Te alejaste de tu Maestro? ¿Creés que ya no hay lugar para vos?
Tengo un mensaje para tu vida: el Maestro te llama otra vez.
No porque el fracaso no importe, sino porque su gracia es capaz de levantarte y conducirte a una nueva etapa de obediencia.
Volvé a sus caminos. Volvé a escuchar su voz. Volvé a caminar con Él.
Conclusión: Sígueme otra vez
Qué bueno es nuestro Dios.
El mismo Jesús que llamó a Pedro junto al mar volvió a encontrarse con él después de su fracaso. Y aquella historia nos recuerda que el Señor puede restaurar al que se arrepiente y darle una nueva oportunidad para servirle.
Quizás hayas dejado de seguirlo de cerca. Quizás estés lejos, confundido o llorando amargamente. Pero hoy quiero decirte que tu historia no tiene que terminar en aquella noche de negación.
El Maestro todavía tiene un llamado para vos.
¡SÍGUEME OTRA VEZ!
No te quedes para siempre junto al recuerdo de tu caída. Levantate, volvé al Señor y permitile conducir tus pasos.
Porque Jesús no solamente sabe llamar a los hombres al comienzo de su camino. También sabe encontrarlos cuando han caído y volver a invitarlos a seguirlo.
Vuelve pronto. Jesús te llama.