Cierto día se prendió fuego en la cárcel, y estos presos en vez de escaparse ayudaron con todas sus fuerzas a apagar el incendio.
Una conducta tan rara sorprendió a los oficiales, y después de averiguar la razón de ella dieron libertad al que había enseñado la nueva doctrina, y enviaron por más libros que contenían las mismas verdades.
Aquel prisionero que pusieron en libertad, gastó su vida predicando el Evangelio a los presos en las cárceles de su país.