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Devocionales Cristianos

El deleite de la desesperación

Juan cae postrado ante la majestad de Cristo y descubre que la misma diestra que lo humilla es la que lo levanta.
Cuando Juan cayó como muerto, no se quedó en el suelo: la diestra del Señor lo levantó. Así también nosotros somos invitados a pasar del temor reverente al descanso absoluto.
📖 Texto Bíblico: Apocalipsis 1:17

Quizás tú, como el apóstol Juan, conoces íntimamente a Jesucristo. Has caminado con Él, has escuchado sus enseñanzas y has compartido momentos de profunda comunión. Sin embargo, de repente se te aparece con rasgos totalmente desconocidos, con una majestad que supera toda comprensión humana, y lo único que puedes hacer es caer a sus pies como muerto.

En ocasiones Dios solo puede revelarse a nosotros en su majestad, y el carácter impresionante y terrible de esa visión nos lleva al deleite de la desesperación. Experimentas este gozo en la desesperanza porque comprendes que si vas a ser levantado, debe ser por la mano de Dios.

"Él puso su diestra sobre mí", Apocalipsis 1:17. En medio del pavor sientes un toque y sabes que es la diestra de Jesucristo.

Comprende que no es la mano que restringe, corrige o castiga, sino la diestra del Padre Eterno. Siempre que su diestra viene sobre ti, trae paz y consuelo inefables; y también el sentido de que sus brazos eternos, llenos de provisión, alivio y fortaleza, son tu apoyo (ver Deuteronomio 33:27).

Una vez que sientes su toque, absolutamente nada te podrá volver a causar temor. En medio de toda su gloria celestial, el Señor Jesús viene para hablarle a un insignificante discípulo y le dice: "No temas", Apocalipsis 1:17. Su ternura es inexpresablemente dulce. ¿Lo conozco de esta manera?

Piensa en algunos de los hechos que producen desesperación. Existe un desespero en el que no se encuentra ningún agrado, no hay un horizonte ni una esperanza de mayor claridad. Pero el deleite de la desesperación viene cuando "yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no habita el bien", Romanos 7:18. Me deleito en saber que hay algo en mí que debe caer postrado delante de Dios cuando Él se me revele, y que si he de levantarme debe ser por su mano. Dios puede hacer algo por mí solo cuando reconozco los límites de lo que es humanamente posible y le permito a Él hacer lo imposible.

Esta experiencia de quebrantamiento no es un fin en sí mismo, sino el umbral hacia una confianza más profunda. Cuando Juan cayó como muerto, no se quedó en el suelo: la diestra del Señor lo levantó.

Así también nosotros somos invitados a pasar del temor reverente al descanso absoluto en Aquel que tiene las llaves de la muerte y del Hades. El verdadero conocimiento de Cristo no nos deja paralizados en el asombro, sino que nos conduce a una intimidad donde su voz disipa todo miedo. Solo quien ha sido quebrantado por la visión de su majestad puede experimentar la dulzura de su consuelo y la seguridad de sus brazos eternos.

Por eso, no temas cuando Dios te lleve al límite de tus fuerzas. Es allí donde descubres que su gracia no es una teoría, sino una mano real que se posa sobre ti. Es allí donde el deleite de la desesperación se transforma en adoración, y donde comprendes que la grandeza de Dios no te aplasta, sino que te sostiene. Si hoy te encuentras postrado, recuerda: la misma diestra que te humilla es la que te levantará.

Sobre el autor

Oswald Chambers nació en Aberdeen, Escocia, el 24 de julio de 1874. Sus padres habían sido bautizados por Charles Spurgeon. Fue un predicador profundo, apasionado y lleno del Espíritu Santo.