Además, el dirigente no puede mostrar amor solamente cuando le apetece o cuando tiene tiempo. La esencia del mostrar amor es que se debe hacer cuando la otra persona lo necesita o lo quiere. El saber cuándo sucede eso es algo que requiere percepción y conciencia.
El amor hace que el verdadero dirigente se destaque y sea diferente de la persona que se apodera sencillamente del poder. Si la persona solamente quiere el poder, no tiene que ser consciente de sus seguidores si su posición está definida con seguridad, pero si la persona guía por el amor, es esencial que esté siempre consciente de otros.
La meta del dirigente, sin embargo, no es sencillamente el practicar el amor por sí solo, sino el hacer que haya amor en las vidas de los que le siguen. Debe, por ello, de ser un ejemplo a seguir, mostrando la manera en que opera el amor, demostrando su desarrollo, su práctica y su beneficio.
Tomado del libro: Liderazgo que perdura en un mundo que cambia
El amor hace que el verdadero dirigente se destaque y sea diferente de la persona que se apodera sencillamente del poder. Si la persona solamente quiere el poder, no tiene que ser consciente de sus seguidores si su posición está definida con seguridad, pero si la persona guía por el amor, es esencial que esté siempre consciente de otros.
La meta del dirigente, sin embargo, no es sencillamente el practicar el amor por sí solo, sino el hacer que haya amor en las vidas de los que le siguen. Debe, por ello, de ser un ejemplo a seguir, mostrando la manera en que opera el amor, demostrando su desarrollo, su práctica y su beneficio.
Tomado del libro: Liderazgo que perdura en un mundo que cambia