La diferencia entre los líderes y las personas comunes es que los primeros tienen creencias claras que no están dispuestos a negociar bajo ninguna circunstancia. Las personas normales, en cambio, tienen valores confusos o poco claros que negocian a cambio de ventajas a corto plazo.
Sobre la base de tus valores, imagina cuál sería el futuro perfecto para tu negocio.
Imagina que tienes todo el tiempo y el dinero, todos los conocimientos y la experiencia, todas las personas y los recursos, absolutamente todo lo que necesitas. ¿Cómo sería tu negocio?
Una vez que tengas en claro tus valores y tu futuro ideal, delinea la declaración de misión de tu empresa; es decir, aquello que la empresa desea lograr. Sé específico: «Nuestra misión es ofrecer los productos de la mejor calidad y, en consecuencia, tener una tasa anual de crecimiento del veinte por ciento en ventas y rentabilidad» es mejor que «Nuestra misión es ofrecer productos interesantes con un espíritu de innovación y emprendimiento».
Más allá de la misión específica, debes saber cuál es el propósito fundamental de la empresa: cuál es su razón de existir. ¿Qué clase de contribución hace tu empresa para mejorar el bienestar de sus clientes?
El propósito de la empresa es muy importante; es la razón por la que hace negocios. Tu confianza en la bondad de tu propósito es lo que te permite perseverar ante problemas y dificultades externos. Es lo que motiva e inspira a las personas que tienes a cargo a hacer un esfuerzo adicional y dar más de sí.
Tal como dijo Nietzsche: «El que tiene un porqué en la vida, puede soportar cualquier cómo».
El cómo es el componente emocional del liderazgo y siempre se define en términos de cómo la organización y tú contribuyen a la vida y al bienestar de los clientes; es lo que los productos y servicios hacen por mejorar sus vidas y su trabajo.
Por último, los líderes son personas orientadas a objetivos. Establece metas específicas y mensurables que quieras lograr y cifras que debas alcanzar para llegar desde donde te encuentras adonde sea que quieras que tu organización llegue en el futuro. No olvides ponerles un límite de tiempo.
En todos los casos, la claridad es fundamental.
Quizá la contribución más importante que hagas a la organización en épocas de cambios rápidos en mercados competitivos sea ayudar a todos a mantener la calma, la claridad, el foco, y el pensamiento al futuro en lo que respecta a los valores, la visión, la misión, el propósito y las metas. Este es el punto de partida de un buen liderazgo.
Sobre la base de tus valores, imagina cuál sería el futuro perfecto para tu negocio.
Imagina que tienes todo el tiempo y el dinero, todos los conocimientos y la experiencia, todas las personas y los recursos, absolutamente todo lo que necesitas. ¿Cómo sería tu negocio?
Una vez que tengas en claro tus valores y tu futuro ideal, delinea la declaración de misión de tu empresa; es decir, aquello que la empresa desea lograr. Sé específico: «Nuestra misión es ofrecer los productos de la mejor calidad y, en consecuencia, tener una tasa anual de crecimiento del veinte por ciento en ventas y rentabilidad» es mejor que «Nuestra misión es ofrecer productos interesantes con un espíritu de innovación y emprendimiento».
Más allá de la misión específica, debes saber cuál es el propósito fundamental de la empresa: cuál es su razón de existir. ¿Qué clase de contribución hace tu empresa para mejorar el bienestar de sus clientes?
El propósito de la empresa es muy importante; es la razón por la que hace negocios. Tu confianza en la bondad de tu propósito es lo que te permite perseverar ante problemas y dificultades externos. Es lo que motiva e inspira a las personas que tienes a cargo a hacer un esfuerzo adicional y dar más de sí.
Tal como dijo Nietzsche: «El que tiene un porqué en la vida, puede soportar cualquier cómo».
El cómo es el componente emocional del liderazgo y siempre se define en términos de cómo la organización y tú contribuyen a la vida y al bienestar de los clientes; es lo que los productos y servicios hacen por mejorar sus vidas y su trabajo.
Por último, los líderes son personas orientadas a objetivos. Establece metas específicas y mensurables que quieras lograr y cifras que debas alcanzar para llegar desde donde te encuentras adonde sea que quieras que tu organización llegue en el futuro. No olvides ponerles un límite de tiempo.
En todos los casos, la claridad es fundamental.
Quizá la contribución más importante que hagas a la organización en épocas de cambios rápidos en mercados competitivos sea ayudar a todos a mantener la calma, la claridad, el foco, y el pensamiento al futuro en lo que respecta a los valores, la visión, la misión, el propósito y las metas. Este es el punto de partida de un buen liderazgo.