Somos unos perdedores. Somos como orinales. Sin embargo, mediante la boca de Pablo y otros inadaptados a través de los siglos, la Iglesia, inexplicablemente, avanza en la historia del mundo con inmenso poder, más allá de todo lo demás.
Cristo había cumplido a favor de los pecadores todo lo que la ley de Dios requería de ellos. La completa expiación había sido hecha. Todo lo que la ley ceremonial presagió se había cumplido.
Las palabras de Jesús al ladrón moribundo le transmitieron una promesa incondicional de perdón completo, cubriendo cada mala acción que había hecho. No se esperaba que expiar sus propios pecados, hiciera penitencia o realizara cualquier ritual.