Estoy tan contenta de que esto me indica que Dios deliberadamente me escogió a mí. No me obtuvo por casualidad. Nadie lo obligó a tomarme en este ministerio, porque no había nadie más que quisiera hacerlo.
La gente mira lo exterior, pero Dios mira el corazón. Su elección no se basa en el aspecto personal, la educación o las posesiones, y ni siquiera en nuestros talentos. Se basa en la actitud de nuestro corazón, y en si estamos dispuestos a cumplir apenas un puñado de requisitos para ser utilizados por Dios.
Tomado del libro: El poder de la determinación