En este pasaje de la escritura vemos la provisión de Dios para salud para el pueblo de Israel hace 2000 años, el Estanque de Betesda, dice la Biblia que había una multitud de de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua.
1 Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.
El Estanque de Betesda: Una Historia de Esperanza y Milagros
El Evangelista Carlos Annacondia predica sobre el Estanque de Betesda, una historia de la Biblia que hallamos en San Juan 5:1-18. Esta historia nos muestra el corazón de Dios hacia los enfermos y necesitados, y nos enseña que la fe es recompensada por Aquel que todo lo puede.
Dios premia al hombre con fe, pero premia también a aquel que es sincero con él y está dispuesto a ayudarlo. Así que si tiene fe, bien; y si no la tiene, dígale al Señor: "¡Ayúdame a creer!" Porque la fe no es algo que nosotros producimos por nosotros mismos, sino un regalo que viene de lo alto. Como dice Hebreos 12:2: "Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe" (Hebreos 12:2). Él es quien inicia y perfecciona nuestra fe.
El contexto histórico del Estanque de Betesda
En este pasaje de la Escritura vemos la provisión de Dios para salud para el pueblo de Israel hace 2000 años: el Estanque de Betesda. Dice la Biblia que había una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.
En esta historia podemos ver que el Estanque de Betesda era la fuente de esperanza para el pueblo de Israel en aquel tiempo. Era fuente de amor de Dios, fuente de salud, fuente de los milagros de Dios. Eso era el "Estanque de Betesda" para aquella generación. Un lugar donde la misericordia de Dios se manifestaba de manera visible y concreta. Allí acudían los que no tenían otra opción, los que habían agotado todos los recursos humanos, los que solo les quedaba esperar un milagro.
Había una multitud que rodeaba ese estanque, pero llegó un día alguien llamado Jesús, allí donde estaban los enfermos y necesitados. Él no esperó a que le trajeran al enfermo, sino que fue Él mismo al encuentro de la necesidad. Se enteró de que allí en Betesda, en ese lugar, había un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Treinta y ocho años de sufrimiento, de espera, de decepciones, de ver a otros ser sanados mientras él seguía postrado.
El encuentro con Jesús: La pregunta que lo cambia todo
Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Esta pregunta parece obvia, pero no lo es. Después de tantos años, la esperanza puede marchitarse. La rutina de la enfermedad puede volverse una zona de comfort. A veces, el enfermo se acostumbra a su condición y ya no se atreve a soñar con la sanidad. Pero Jesús quería escuchar de sus labios el deseo de ser restaurado.
Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. El hombre no dijo "no quiero", sino que expresó su frustración: no tenía quien lo ayudara. Había perdido la esperanza de ser el primero. Pero Jesús no necesitaba el estanque, ni el ángel, ni el movimiento del agua. Él es la fuente misma de la sanidad.
Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. No hubo proceso, no hubo espera, no hubo necesidad de sumergirse en agua alguna. La palabra de Jesús tuvo poder inmediato. Aquel que había estado postrado por 38 años se levantó, cargó su camilla y caminó. La sanidad fue completa y verificable: el hombre podía cargar su lecho, algo que un paralítico no podía hacer.
Jesús: Mayor que el Estanque de Betesda
Hoy día hay mucha gente esperando ser sanada, muchos esperan por un milagro, y aunque el ángel ya no desciende más, Dios ha enviado a alguien más poderoso que el ángel y que el mismo "Estanque de Betesda": a Jesucristo. Jesús es fuente de sanidad y milagros para todo aquel que cree en él.
El Estanque de Betesda era un lugar, pero Jesús es una persona. El estanque requería que el enfermo se moviera primero, que compitiera con otros, que llegara antes que nadie. Jesús, en cambio, va al encuentro del que no puede moverse, del que no tiene quien lo ayude, del que ya no tiene esperanza. El estanque sanaba solo al primero; Jesús sana al que está postrado, al último, al olvidado.
Como dice Isaías 53:5: "Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados" (Isaías 53:5). La sanidad que Jesús ofrece no es solo física, es integral: toca el cuerpo, el alma y el espíritu. Él no solo quiere que camines, quiere que tengas vida en abundancia.
Hoy, quizás tú estás esperando un milagro. Quizás has estado postrado por años, no solo físicamente, sino emocional o espiritualmente. Has esperado que alguien te ayude, que las circunstancias cambien, que el agua se mueva. Pero quiero decirte que Jesús ya pasó por tu Betesda. Él te ve, sabe cuánto tiempo llevas así, y te pregunta: ¿Quieres ser sano? No necesitas esperar más. No necesitas competir con nadie. Solo necesitas creer que Él es quien dice ser: el Hijo de Dios, el que tiene poder para perdonar pecados y sanar enfermedades.
Levántate hoy. Toma tu lecho, lo que te ha mantenido postrado, y anda. Jesús te da la orden y con ella el poder para obedecer. Él es tu Betesda, tu fuente de esperanza, tu sanador, tu milagro. A Él sea la gloria por siempre. Amén.