La paz de Dios puede ser una realidad en nuestra vida en medio de la adversidad. La paz os dejo, mi paz os doy, yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo. Juan 14:27.
Jesús se presenta a sus discípulos como el buen pastor y como tal entra por la puerta de nuestros corazones y no en forma mañosa como un ladrón.
Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me hallaba de mal humor. Te regañe porque te estabas tardando demasiado en desayunar, te grite porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta.
En todos los conflictos se manifiestan los verdaderos valores de la vida cristiana.
Es un quebrantamiento total delante de Dios para recibir de él un comienzo nuevo.
Es el amor la motivación más profunda del cristiano, el motor que lo mueve a hacer lo que hace por la causa del Señor.
En la quietud y la confianza estará mi fuerza. Si confianza es tener la fe con Dios, entonces la vida cristiana tiene una fuerza mayor.
Y si los hombres no se interesan en el Reino, la vida les enseñará esa misma lección. El veredicto de la vida y el veredicto de Cristo son iguales. El es la vida – Yo soy la vida – y vivir en contra de Cristo es vivir contra la vida.
Pedid, y se os dará; Buscad, y hallareis; llamad, y se os abrirá, Porque todo aquel que pide, recibe, y el que busca halla; y al que llama, se le abrirá. Mateo 7.7-8
Si los que no conocen a Dios desperdician las oportunidades que les brinda el dolor, los cristianos debemos aprender a hacer que nuestro dolor sea productivo. El dolor puede ser utilizado con un fin; ése es el dolor redentor.