Fe es responder a una invitación de Dios. Dios me invita. Dios actúa primero. Yo respondo; pero aún así, sigue siendo Dios quien dirige. El permitir que Dios dirija significa el que yo renuncie a cierto control en mi vida.
La fe cristiana no consiste en creer en un Dios “arriba” que lo hizo todo hace mucho tiempo, y que ahora ve la vida pasar frente a sí. La fe en el Dios de Jesús mantiene que Dios está cerca, atento, y activo en mi vida.
La fe me dice que Dios me quiere, que yo soy digno de quererme. Aún la actitud básica acerca de mí mismo/a puede cambiar sencillamente por mi fe en Dios.
¿Es posible que las dudas, o una actitud dudosa, pueda ser de acuerdo con la fe? Sí. La fe puede existir con dudas y en duda continua. Pero la fe también confía en Dios incondicionalmente — aún cuando las cosas no tienen sentido, o cuando Dios no parece estar presente, o cuando parece no importar si Dios está presente o no.
La persona de fe pone suficiente confianza en Dios para creer en las verdades que Dios revela. Encontramos muchas de estas verdades en las enseñanzas de nuestra comunidad, la iglesia. Sin embargo, Dios pide que se tenga fe en otras verdades: la verdad acerca de mí mismo — que Dios me creó de una manera única y cariñosa; la verdad acerca de la raza humana — que los seres humanos son creados en la imagen de Dios, tienen derechos que se deben respetar, y son dignos de nuestros mejores esfuerzos; la verdad acerca del mundo — que es una creación de Dios que se debe reverenciar y librar de las cosas y las personas de avaricia que lo destruyen.
Fe es, pues, no una pieza separada de la vida; es una ventanilla por la cual yo miro todo lo demás. La fe también me incita a que actúe y a un estilo de vida particular.
Yo me relaciono con Dios con mi propia personalidad. Me relaciono como YO soy, no como es otra persona. Si yo soy una persona menos intensa, de confianza, y trabajadora, de esa manera me relaciono con Dios. Y será en una manera distinta a como se relacionará alguien poético o de mucha intensidad. Mi relación con Dios es única.
Moviendo montañas
“Si tu fe es del tamaño de una semilla de mostaza, le dirás a esta montaña, ‘Muévete de aquí para acá’, y se moverá. Nada será imposible para ti.” (Mateo 17:20)
Jesús no hablaba de mover verdaderas montañas, Jesús habla de una manera figurada para hacer comprender su punto: La fe tiene el poder de cambiar el paisaje de nuestras vidas. La fe es potente.
Un sinnúmero de creyentes han demostrado cómo el poder de la fe en sus vidas puede eliminar obstáculos. Personas han logrado mayores éxitos — muchos más allá de lo que hubieran sido capaces de llevar a cabo de por sí. La fe ha mantenido a gentes con vida y esperanza, aún al estar enfrentándose a grandes tragedias. Únicamente por medio de la fe algunos se han resistido a grandes tentaciones. Hay quienes han cometido errores y fracasado miserablemente, pero por la fe, han tenido el valor de volver a empezar de nuevo.
1. ¿Cómo explicaría usted a Mateo 17:20 a alguien que reclama no tener fe?
2. Recuerde una experiencia de dificultad en su vida reciente. ¿Le pidió usted a Dios que le ayudara a resolver la situación? ¿Cómo? ¿Cuál fue su oración?