Cuando le informó a su jefe que el arreglo era mínimo, el dueño del taller le ordenó: "Véndele un sensor nuevo al cliente de todas maneras". Jonathan se negó. Sabía que era una estafa. El jefe insistió, y Jonathan tomó una decisión radical .
Le explicó al cliente la verdad: que su auto no necesitaba ningún sensor nuevo, que solo estaba desconectado, y que el dueño del taller quería venderle una pieza que no necesitaba. Además, le dijo: "Acá tenés sus llaves. Agarrá su coche, andate y no vuelvas porque este tipo es un sinvergüenza y no voy a trabajar más para él" .
El cliente, agradecido por su honestidad, le dejó su tarjeta y le pidió que le avisara dónde trabajaba después. Jonathan renunció ese mismo día. Su lealtad no fue al empleo ni al jefe, sino a un principio: no se engaña a un cliente, aunque eso signifique quedarse sin trabajo