En la noche del 11 al 12 de junio de 1982, durante la Batalla de Monte Dos Hermanas en la Guerra de Malvinas, el cabo Juan Antonio Barroso, de 21 años, vivió lo que él mismo describe como “la noche más brava” de su vida .
Las tropas británicas avanzaban con una superioridad abrumadora. En medio del fuego cruzado, un subteniente que no pertenecía a su regimiento se acercó y le ordenó retirarse. “Vámonos, acá nos van a matar”, le dijo. Barroso se negó: “Si vos querés irte, andate. Yo vine a pelear y voy a pelear” .
Poco después, su propio jefe de sección le repitió la orden: “Usted sálvese, los demás se van a salvar”. Barroso respondió con una frase que recordaría toda su vida: “Me paso su orden por las pelotas”. Incluso le dio una cachetada en las medallas a su superior y lo llamó traidor .
Barroso y cuatro soldados más se quedaron disparando morteros desde las piedras de la montaña. Las balas británicas golpeaban las rocas a su alrededor. En un momento de calma, un compañero le rogó que dejara de disparar para no atraer más fuego enemigo. Barroso se negó: “No dejemos de tirar, así pueden terminar de escapar los demás. ¿Y a ustedes qué les importa si me matan?” .
Gracias a esa resistencia, más de cien compañeros argentinos lograron replegarse y salvar sus vidas. Barroso sobrevivió. Durante décadas sintió que su sacrificio había sido olvidado, pero en 2026, a los 66 años, recibió un Diploma de Honor del Senado de la Nación .
La lealtad de Barroso no fue a una orden, sino a un principio: no se abandona a los compañeros. Su desobediencia salvó vidas, y su historia demuestra que la verdadera lealtad a veces exige desobedecer.