Era una mentira. Y una mentira lo llevó a otra, y a otra. Cada vez que le preguntaban por qué no fumaba, no bebía o no hablaba como los demás, esquivaba la respuesta con verdades a medias. Tenía miedo de que se burlaran de él, de que no lo tomaran en serio, o peor, de que lo despidieran .
Un día decidió que no podía seguir viviendo así. Se armó de valor y le dijo la verdad a su jefe: "Soy adventista y guardo el sábado. Esa es la verdadera razón. Yo les mentí, y si por eso me tienen que despedir, lo acepto. Quiero ser sincero con ustedes" .
La respuesta lo sorprendió. Su jefe le dijo: "Eso se respeta y no necesitas decírselo a nadie más. Te queremos aquí". Después de eso, Jonathan tuvo el valor de compartir su fe con dos compañeros de trabajo, que en lugar de criticarlo, empezaron a hacerle preguntas. Su lealtad a la verdad lo liberó del miedo y transformó su entorno laboral