Su símbolo, llamado también Asera, era el árbol santo o tronco sagrado junto al altar. El Deuteronomio exige repetidamente que los aseras sean cortados (Dt. 7:5), quemados (Dt. 12:3) o bien que ni siquiera sean plantados (Dt. 16:21).
Los libros sagrados y los profetas condenaron esta profanación del lugar sagrado como adulterio e infidelidad de Israel para con el Dios Santo (Éx. 34:12; Jue. 6:25; Mi. 5:13; Jer. 17:1-4, y en muchos otros pasajes).
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