Una pincelada. Otra. Y otra más. Un detalle fino. Un pincel más delgado. Limpiar el sudor de la frente, y seguir, cuidando que las líneas fueran muy finas.
Nada queda oculto. Incluso la ciencia ha avanzado en el proceso de identificar dónde se encuentra una persona y qué movimientos realiza.
Con la pericia de un relojero, cuidando el más mínimo detalle y ante la mirada expectante de decenas de curiosos, se va construyendo la torre.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Mateos 5:6. Estas palabras pronunciadas por Jesús tienen, en apariencia, cierta contradicción. ¿Es que acaso es posible ser bienaventurado en medio del hambre y de la sed?
La distancia se hizo más larga que de costumbre. Al menos así le pareció al español Luis Arroyo mientras sus pasos golpeaban duro y con firmeza sobre la pista de tartán. Su corazón se agitaba con fuerza.
Cada segundo es nuevo. De ahí que sólo el presente cuenta. El dolor por el pasado sólo atormenta a quienes quieren vivir en el pasado.
Todos hemos oído y visto la publicidad de una bebida que se hace llamar la chispa de la vida. Es un truco publicitario que da cuenta de la profunda necesidad humana de encontrar aquel fuego o pasión que nos haga sentir la vida como algo muy especial.
Los vientos de adversidad soplan fuertemente en todas las direcciones. Eventualmente todos sentimos el peso de alguna prueba, problema, desgracia o revés; tu situación actual no es lo que habías anticipado ni planeado. ¿Por qué sucedió? ¿A quién culpar?
Creo que nosotros hemos tomado demasiado en broma lo que Dios tomó demasiado en serio. Hace algunos meses mi esposa y yo rentamos una película que alguien nos recomendó ampliamente: Salven al soldado Ryan.
Tomate de las promesas eternas por las cuales fuiste llamado, porque ésa, es la manera de vencer.