Al encontrarse con el pastor y entablar conversación con él, éste le dijo:
- Pero, niña, ¿qué no te asusta el venir corriendo sobre tantas tumbas? ¿No te da miedo el saber que te abres paso por sobre los sepulcros de tantos muertos?
Ella respondió:
- ¡¿Asustarme yo?! ¿Ve aquella casa blanca al otro lado de la calle del cementerio?
- Si – dijo el pastor.
- Pues esa es mi casa; yo sólo voy aquí en viaje a mi hogar.
¿Por qué hemos de asustarnos nosotros los cristianos por las cosas terribles de esta vida? Nosotros vamos solamente pasando, pues nuestro viaje es hacia nuestro hogar celestial, al otro lado de la muerte.