El término utilizado en el versículo 10 es «louõ», «limpiar, lavar totalmente». Uno que ha sido limpiado en este sentido nunca necesita volverse a limpiar de esta manera; como el Señor dice, «está limpio del todo», aunque, a fin de tener parte con Cristo, necesita, debido a la contaminación adquirida en el camino, que sus pies sean lavados (donde el término es «niptõ», Jn. 13:5-14), acción ésta aplicada sólo a partes del cuerpo.
Esta misma diferencia queda tipificada en la purificación de Aarón y sus hijos. Después de ser consagrados fueron lavados una vez por Moisés, pero desde entonces se demandaba continuamente que, cuando llevaran a cabo su servicio, lavaran solamente sus manos y pies en la fuente (Éx. 40:12, 30-32).
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