Las tentaciones de Jesús prosiguieron durante toda Su vida terrenal, y proseguirán a lo largo de la vida del Hijo de Dios en nosotros. ¿Estamos caminando con Jesús en la vida que vivimos justo ahora?
Si nos centramos en las dificultades, el problema aumenta y se intensifica. Cuando centramos nuestra atención en Dios, el problema adquiere la perspectiva que le corresponde y deja de abrumarnos.
Nuestra mente se mantiene muy ocupada haciendo planes, y esos planes son para lo que creemos que nos beneficiará. Dios quiere que pongamos todas nuestras obras (planes y actos) en sus manos y que sigamos su plan en lugar de seguir adelante con los nuestros.
Él es en nosotros la esperanza de gloria, el móvil de nuestros actos, el pensamiento central que estimula todo pensamiento. Cristo es la sustancia de nuestra vida. ¿De qué puede alimentarse el cristiano, sino de la carne y la sangre de Jesús?.
El lavamiento de la regeneración significa que él nos lava de toda culpa, nos limpia de pecados, nos perdona. Es como si lavara nuestras ropas y nos diera una túnica alba y limpia.
Permite, Padre, que por mis palabras inspiradas por tu Espíritu Santo, pueda a lo menos un pecador o pecadora volver de su camino. Amén
El ser humano y su egocéntrica idea de ser el único poseedor de la verdad, el que tiene la razón, el que practica la religión verdadera, el que tiene a Dios. La vanidad de los hombres que denostan a todo pensamiento...
La fe es una práctica activa apoyada en la creencia. La fe no es ambigua; no es insegura. Es una convicción concreta. Es la seguridad que tenemos en el presente sobre una realidad futura.
Estas palabras contienen un mandamiento de Dios al creyente, cuando esté pasando por grandes apreturas, y puesto en dificultades extraordinarias.
Quien ha nacido de nuevo, ha recibido el Espíritu Santo y con Él el don de la fe para creer, obedecer a Dios, someterse a Su voluntad y serle fiel. No podemos ser fieles a Jesucristo si no obedecemos a su enseñanza.