El pecado es progresivo. Comienzo andando en el consejo de los impíos. Luego soy hallado en el camino de los pecadores. Al final estoy sentado en el asiento de los escarnecedores.
Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.
No hay virtud en nuestro arrepentimiento si no nos trae a Dios. El mero dolor por el pecado no disminuye la culpa. Puede que haya desazón pero no arrepentimiento. El arrepentimiento bíblico es una gran necesidad.