Para «redimir el tiempo» (v. 16, RV) y para «comprender bien cuál es la voluntad del Señor» (v. 17), tenemos que estar «llenos del Espíritu». Dios no envía ahora truenos desde un monte ni envía profetas con mensajes nuevos. El último de los profetas fue su Hijo desde el cielo, y su último gran don para esta era es el Espíritu Santo, quien revela la voluntad de dios e inspira con poder para llevarlo a cabo.