Luego vino el grito unido, y la gran batalla se ganó rápidamente. Los labios relatando el evangelio con claros tonos de trompeta, y la luz del conocimiento de Dios brillando en corazones quebrantados.
La Salvación diaria del Señor es una experiencia que debe ser sumamente anhelada. Deberíamos anhelarla en toda su plenitud. Los que están hambrientos y sedientos por tal justicia serán llenos.
La santidad de Jesucristo viene a ser la esperanza de los inmundos. Solo lo limpio puede limpiar. Los injustos solo pueden encontrar refugio en la justicia de Dios.
Dios se complace más con la fe que con las obras. En realidad, la fe es una obra. «Ésta es la obra de Dios, que creáis.» Observamos aquí siete acciones de la fe:
Cristo de Dios en la gloria significará: «La bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fortaleza sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos» (Ap. 7:12).
Pero nadie sentía de manera suficiente el dolor y pecado de toda la situación como para darse a sí mismos a una oración intercesora a Dios. Fue muy diferente con Moisés (Éx. 32:32) y con Pablo (Ro. 10:1)
La Palabra del Señor fue dulce en su boca, pero algo amarga en su operación práctica. Pero aunque había amargura en su alma al seguir la conducción del Espíritu, obedeció. Pablo se gloriaba también en las tribulaciones.
Durante dos años en su propia casa de alquiler, y con un soldado que lo guardaba, Pablo mantuvo su casa abierta a los indagadores acerca del Señor Jesucristo.
La razón por la que muchos cristianos no progresan en la gracia y en inclinaciones celestiales es que se avergüenzan del yugo de Cristo; y no guardando compañía con Él, no pueden ser enseñados por Él.
Las chispas que tú generes nunca podrán existir en medio de este torrente. ¿Confiarás en la barca de tus propias opiniones? Esta rápida y turbulenta corriente la llevará a zozobrar.