Es una gran salvación. Grande, cuando se piensa en la grandeza de Aquel que salva. Él es el Heredero de todas las cosas, el Hacedor del universo, el resplandor de la gloria del Padre...
El apóstol que podía decir «me amó y se entregó a Sí mismo por mí» podía decir también: «Estoy dispuesto no solo a ser atado, sino también a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús» (Hch. 21:13).
Pablo oró que el aguijón de su carne le fuera quitado, pero en lugar de ello recibió la gracia suficiente para sobrellevarlo (2 Co. 12:7-10), y gloriarse en él.
Hay aquí brillantes rayos de luz, y negras y tenebrosas sombras. Pero la vida bendita se puede vivir en medio de redes, vanidades ilusorias y labios mentirosos. Es en circunstancias así que podemos mejor gustar la gracia salvadora de Dios
El llamamiento de Dios puede llegar aunque podamos no haber tenido una experiencia personal de Dios. Y Samuel no había conocido aún a Jehová. Creía en Él, pero hasta ahora no había tenido tratos personales con Él
Habrá una renovación de los ambientes naturales. He aquí que yo crearé unos nuevos cielos y una nueva tierra. La gloria de esta nueva creación será tal que de lo primero no habrá memoria, ni vendrá más al pensamiento.
Una vida de humildad delante de Dios. Te ha traído Jehová tu Dios para afligirte. Nunca escogeríamos por nosotros mismos el camino de la humillación. Ser humillados es precisamente ser puestos en aquella posición
Si David danzó de gozo cuando pensó en todo lo que se significa por el arca con nosotros, ¡cuánto más deberíamos nosotros cuando pensamos en todo lo que significa Cristo en nosotros!
Por el Espíritu somos primero bautizados en Cristo, y luego por Cristo somos bautizados con el Espíritu. Observemos por un momento qué implica este bautismo en Cristo